Las máscaras de Teotihuacan

Jane M. Walsh

La colección Poinsett

Una de las primeras colecciones no autorizadas sobre Teotihuacan se encuentra en el Museo de la Universidad de Pennsylvania en Filadelfia, y fue reunida, entre 1828 y 1830, por Joel Roberts Poinsett, primer embajador de Estados Unidos en México. En su calidad de miembro de la Sociedad Filosófica Americana se dedicó a coleccionar, para esta institución, “ejemplares de historia natural y reliquias antiguas del país” (Poinsett, 1828).

Dos de las máscaras teotihuacanas de Poinsett están labradas en travertino y otras dos más en serpentina azul verdosa. Los detalles extraños de una máscara de serpentina llamaron mi atención la primera vez que la examiné; creí que se trataba de una pieza falsa del siglo XIX. Esta máscara presenta varias anomalías: no tiene orejas y la boca y las fosas nasales están taladradas de lado a lado. La parte trasera de la máscara es realmente extraordinaria: se aserraron varios surcos verticales en cada lado y uno a lo largo de la parte superior. En el centro tiene taladrada una gran cavidad redonda, de 3 cm aproximadamente, y dos más pequeñas a los lados, de 8 mm de diámetro cada una, para formar las fosas nasales, y otra gran cavidad oval alrededor de la boca abierta. A diferencia de otras máscaras conocidas de Teotihuacan, las aberturas de la nariz y la boca aparentemente permiten respirar y hablar. Ninguna otra de las máscaras de Poinsett tiene estas características.

Sigvald Linné, tal vez el único arqueólogo que describe la parte posterior de las máscaras de Teotihuacan notó que una de las características compartidas por todas es el estar ahuecadas con “un fondo plano [dejando un borde] que corresponde de manera burda al croquis [de la máscara]” (Linné, 1934, pp. 137-138). Al buscar máscaras similares a la de Poinsett en la literatura sobre el tema, descubrí que en la Ofrenda 82 del Templo Mayor hay otra que también tiene la boca taladrada. Leonardo López Luján y Ximena Chávez me permitieron examinar fotografías de la parte posterior de la máscara y, con gran sorpresa, descubrí que también tenía una gran cavidad redonda alrededor de la boca y la nariz, que incluía dos huecos más pequeños para la nariz y otros dos, aún más pequeños, para las fosas nasales.

Es probable que la máscara teotihuacana de Poinsett perteneciera más bien a la parte azteca de su colección y que fuera encontrada en un entierro parecido al de la Ofrenda 82, junto con piezas olmecas y de Mezcala. Me parece que las máscaras del Templo Mayor y la de Poinsett son dos de las tal vez tres únicas que muestran esta inusual técnica en su manufactura. La tercera es una máscara olmeca de piedra que se encuentra en la colección Vischer, en Basilea, que también tiene un hueco en la parte posterior, en el centro de la boca. Gran parte de los objetos de esta colección provienen de una ofrenda.

A partir de estos hallazgos se puede concluir que los aztecas, entre los primeros excavadores no oficiales de Teotihuacan, modificaron ciertas máscaras, por razones desconocidas y rituales, para que aparentemente pudieran ser portadas en el rostro y se hablara a través de ellas.

La colección de Poinsett es valiosa e instructiva no sólo por ser una de las más antiguas, sino por poseer objetos típicos y atípicos. Al estudiar las colecciones prehispánicas del siglo XIX, la investigación de anomalías algunas veces proporciona evidencias de manufactura y alteraciones modernas. En ocasiones esto amplía nuestro conocimiento sobre la interacción entre las antiguas culturas mexicanas, sobre el uso y la modificación de objetos en tiempos pasados.

Traducción: Elisa Ramírez

Imagen: a, b) Máscara de serpentina de la colección de Poinsett. No posee orejas y tiene la boca y las fosas nasales taladradas de lado a lado, lo que permite respirar y hablar. En la parte trasera se aserraron varios surcos verticales en cada lado y uno en la parte superior. Es la única de las conocidas de Teotihuacan con estas características. Fotos: Jane M. Walsh. c, d) Máscara de la Ofrenda 82 del Templo Mayor. Al igual que la singular máscara de la colección de Poinsett, tiene una gran cavidad redonda alrededor de la boca y la nariz, que incluye dos huecos más pequeños para la nariz y otros dos, aún más pequeños, para las fosas nasales. Fotos: Proyecto Templo Mayor.

 

Jane M. Walsh. Doctora en antropología por la Universidad Católica de Washington, D.C. Investigadora del Departamento de Antropología del Museo Nacional de Historia Natural del Instituto Smithsoniano.

Walsh, Jane, “Máscaras teotihuacanas. De Teotihuacan a Filadelfia en 1830”, Arqueología Mexicana, núm. 64, pp. 62-64.

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