• viernes, 21 de septiembre de 2018

Mestizaje y características físicas de la población mexicana

Carlos Serrano Sánchez

La mezcla genética entre indígenas, europeos y africanos que se produjo en México a partir del siglo XVI conformó una población mestiza con variadas características físicas. La percepción social de estos perfiles antropológicos ha llevado a la creación de estereotipos humanos regionales, como sustento de una identidad nacional.

 

Mestizo, mestizo,

mestizo soy yo;

la sangre mezclada

dos mundos unió.

Canción huitzil, Cuerna vaca , Morelos

 

Podemos hablar de una identidad antropológica de la población mexicana, cuyo perfil actual se ha conformado a lo largo de la historia. Tanto sus rasgos físicos como sus expresiones culturales, que ahora se reconocen en su amplia variabilidad, proceden del mestizaje -mezcla genética- que se produjo a partir de la conquista entre la población nativa y los europeos y africanos recién llegados. Este fenómeno ha permeado nuestra historia poblacional: influyó en la conformación de la sociedad colonial y se manifiesta en la estructura antropológica de la población mexicana contemporánea como expresión de una sociedad diversa y compleja. Desde sus orígenes, esos tres componentes humanos eran entidades heterogéneas y tenían ascendencias múltiples. Su mezcla en el escenario del actual territorio mexicano asumió ritmos e intensidades variables, dependiendo de la región y la época, por lo cual el fenómeno biológico del mestizaje sólo puede comprenderse dentro de un contexto histórico.

 

El mestizaje en México a través del tiempo

En México, el mestizaje comenzó en la península de Yucatán, cuando Gonzalo Guerrero y Jerónimo de Aguilar se incorporan a una comunidad maya después de que su embarcación naufraga en aguas del Caribe. El relato de Bernal Díaz del Castillo sobre la integración del primero a la sociedad indígena y su apego a los hijos engendrados es un ejemplo significativo de esta temprana mezcla biológica. Más tarde, consumada la conquista, el hijo procreado por Cortés y doña Marina es otro ejemplo bien conocido históricamente de la mezcla racial que alcanzaría con el tiempo proporciones significativas.

La aceptación social de la descendencia mestiza en el periodo inmediatamente posterior a la conquista (hubo incluso hijos de estas uniones que se incorporaron a la nobleza española) disminuyó a medida que avanzaba la colonización. La sociedad colonial llegó a ser cada vez más cerrada y rígidamente estratificada, de acuerdo con la adscripción social y el linaje biológico de los individuos.

La corona promovió una política tendiente a la separación de los tributarios indígenas del resto de la población novohispana y evitó, en general, los matrimonios mixtos. Estas restricciones, sin embargo, fueron pronto socavadas por la mezcla de razas que dio lugar a las llamadas castas, formadas en gran parte por los productos de las uniones interraciales ilegítimas de españoles, indios y negros. Aunque el término mestizo se aplicó particularmente a la mezcla de español e indígena, el resto de las castas deben ser consideradas biológicamente como mestizas. De estas castas se hicieron ilustraciones en numerosas obras, que se conservan en museos de España y México, en las que se muestra la clasificación de los individuos por sus características somáticas, que abarcaba gran variedad de tipos físicos cuyos nombres eran despectivos más que pintorescos: "coyote", "lobo", "torna-atrás", "no-te-entiendo", etc. Esta nomenclatura era compleja y confusa, difícilmente aplicable a individuos que a menudo no poseían datos genealógicos y cuyo aspecto físico no permitía hacer una clara distinción.

Hacia finales del virreinato, la composición de la población de la Nueva España, que contaba con cerca de 6 millones de habitantes, era aún mayoritariamente indígena y sólo alrededor del 40 por ciento era de criollos y mestizos. Posteriormente, los movimientos de población durante las guerras de Independencia y de Reforma, el desarrollo industrial del Porfiriato, el incremento de la migración rural-urbana y la formación de metrópolis cosmopolitas, fueron elementos que marcaron y condicionaron profundamente las mezclas y dieron como resultado los variados rostros de los pobladores del país.

La visión que podemos obtener de la población mexicana contemporánea en relación con las características físicas es producto de diversas experiencias demográficas particulares a lo largo y ancho del territorio nacional.

 

Carlos Serrano Sánchez. Doctor en antropología biológica por la Universidad de París, 1975. Investigador en e IIA, UNAM. Presidente de la Asociación Latinoamericana de Antropología Biológica (2002-2004). Ha publicado alrededor de 150 trabajos sobre la antropología física de la población prehispánica y los grupos indígenas contemporáneos de México.

 

Serrano Sánchez, Carlos, “Mestizaje y características físicas de la población mexicana”, Arqueología Mexicana núm. 65, pp. 64-67.

 

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