• 28-sep-2020

Un complejo portuario maya

Tomás Gallareta Negrón

En la costa norte de la península de Yucatán se localizan las ruinas de un importante puerto maya con una historia continua de más de 1000 años de duración. Las investigaciones arqueológicas efectuadas en Isla Cerritos y en la zona aledaña a la isla indican que sus habitantes participaron activamente en las redes comerciales marítimas establecidas alrededor de la península de Yucatán y a larga distancia con el centro de México y los Altos de Guatemala. Este tráfico de mercancías comenzó desde poco antes del inicio de nuestra era (ca. 100 a.C.), y fue entre los años 750 y 1000-1200 d.C. cuando, bajo el dominio itzá, el complejo portuario alcanzó su máxima expresión y los intercambios incluyeron un mayor número de productos exóticos. Durante esta época se importaron, entre otros bienes, piedras de molienda de basalto, vasijas de pasta fina, cerámica plomiza, obsidiana, jadeíta, concha y ornamentos fabricados con otros materiales como turquesa, cobre y tumbaga, traídos de lugares distantes, todo ello a cambio de bienes locales como sal, miel, algodón y esclavos.

Las investigaciones arqueológicas

En el transcurso de reconocimientos terrestres y aéreos en el litoral norte de la península de Yucatán, relacionados con el estudio de la producción e intercambio de la sal durante la época prehispánica, Anthony P. Andrews observó una serie de rasgos portuarios en el islote conocido entre los pescadores de San Felipe como Isla Cerritos y en la costa frente a ésta, en el Petén de Paso del Cerro. La magnitud y relativa elaboración de esos vestigios, aunadas a la presencia de materiales alóctonos en la superficie de la isla, apuntaban fuertemente hacia Chichén Itzá, la capital de un importante Estado maya prehispánico ubicado tierra adentro, a 100 km de distancia de la costa, cuya gran riqueza provino principalmente de actividades marítimas de intercambio.

Durante 1984 y 1985, Andrews, junto con los arqueólogos Fernando Robles Castellanos, Rafael Cobos Palma, Pura Cervera Rivero y el autor de este escrito, con el apoyo del Instituto Nacional de Antropología e Historia, de la National Geographic Society y de los señores Thomas y Marilyn Fifield, condujeron investigaciones en la zona encaminadas a obtener información más precisa respecto al carácter de las instalaciones y de la relación de sus ocupantes con Chichén Itzá.

Dichas investigaciones incluyeron reconocimientos intensivos, elaboración de mapas, recolección sistemática de materiales culturales en superficie y excavaciones. Las descripciones y afirmaciones que se presentan a continuación son resultado directo de esos esfuerzos y de los diferentes tipos de análisis a que han sido sometidos nuestros datos y los materiales arqueológicos recuperados.

El complejo portuario

El centro de operaciones del complejo portuario se construyó sobre un islote de apenas 200 m de diámetro, ubicado a unos 500 m de la costa y a cinco km al oeste de la boca del estero de Río Lagartos, donde se encuentra el puerto yucateco de San Felipe. Durante su apogeo, el asentamiento de Isla Cerritos alcanzó una extensión de unas tres hectáreas y pudo albergar a varios cientos de personas.

El principal núcleo administrativo-religioso ocupaba el cuadrante noroeste y consistía en una estructura piramidal, que actualmente tiene poco más de cinco m de alto, flanqueada por grandes edificaciones rectangulares que tuvieron techumbres planas de piedra y mortero, apoyadas sobre hiladas de columnas en su parte frontal. Complementaban el conjunto un pequeño altar, aproximadamente al centro de la plaza, y dos estructuras menores que formaban el lado sur. En los espacios aledaños se encontraron basamentos rectangulares de menores dimensiones, sobre los cuales fueron levantadas estructuras presumiblemente domésticas, elaboradas principalmente con materiales perecederos. Otros basamentos de forma semejante, pero que sostenían edificaciones de mampostería, indican que en la isla convivió gente con diferente estatus social.

En Isla Cerritos existen también construcciones cuyas dimensiones, forma y ubicación indican que tuvieron funciones especializadas, relacionadas con actividades portuarias. Entre estas estructuras están los dos montículos amorfos del extremo noreste de la isla, los que, además de romper los vientos dominantes, pudieron funcionar como puestos de vigía, pues desde su cima se domina la desembocadura del estero de Río Lagartos. También existen basamentos rectangulares, largos y angostos, de construcciones elaboradas con materiales perecederos como bajareque y huano, que pudieron servir como alojamiento comunal temporal y/o como bodegas para productos en tránsito.

Entre las facilidades portuarias más notorias se encuentra un muro de 330 m de largo y con un ancho que varía entre dos y cinco metros, construido en el mar a 80 m al sur del islote, es decir, del lado de tierra firme. Esta construcción tenía una entrada principal al centro, flanqueada por dos plataformas que pudieron servir de base a construcciones (¿torres?) de madera, y posiblemente otras dos aberturas laterales, que posibilitaban el acceso a un área resguardada y segura para las embarcaciones y su carga. A todo lo largo de la orilla de la isla aún se pueden apreciar numerosas alineaciones de piedras que sobresalen entre el agua; son los restos de los muros de retén de lo que alguna vez fueron terrazas, muelles y atracaderos de piedra recubiertos con argamasa, los que además de facilitar las operaciones de transbordo y desembarque, sirvieron también para ganarle terreno al mar.

A menos de 600 m frente a la isla, en una zona cenagosa y de manglares, se encuentra Paso del Cerro, una elevación natural del terreno que sirvió de punto secundario para las actividades portuarias, como una estación de paso rumbo a la isla. En este sitio se encuentran los restos de un pequeño conjunto de un solo patio formado por estructuras de mampostería. La mayor parte de su superficie no presenta vestigios de construcciones, aunque contiene material cultural. Algunos restos de charcas salineras sugieren la existencia de una aldea cuyos habitantes pudieron haberse dedicado a la producción de este mineral. Una de las construcciones más interesantes en Paso del Cerro es un canal que lo rodea completamente por su mitad oeste y continúa por algunos cientos de metros hacia el interior, hasta alcanzar terreno más firme. También notables son un par de andadores formados por losas de piedra colocadas horizontalmente, que proveían de una superficie para librar, caminando sobre ellos, los bajos cenagosos. Uno de estos andadores más o menos paralelo al canal conduce al sur, hasta las inmediaciones del sitio arqueológico de Chinalco; el otro se dirige hacia el este, hasta un ojo de agua que abasteció de agua potable a los habitantes de Paso del Cerro y posiblemente también a los de Isla Cerritos. Existen, al igual que en la isla, muros de contención en las orillas que indican que Paso del Cerro también fue agrandado artificialmente por medio de rellenos de piedra.

 

Tomás Gallareta Negrón. Arqueólogo egresado de la Universidad de Yucatán. Maestro por la Universidad de Tulane, E.U.A. Director del Proyecto Labná del Centro INAH Yucatán.

Gallareta Negrón, Tomás, “Un complejo portuario maya. Isla Cerritos, Yucatán”, Arqueología Mexicana, núm. 33, pp. 24-31.

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