Una tradición cultural

Alfredo López Austin

Es posible… es posible… Pero abandonemos la lejanía de la incertidumbre hipotética para pisar suelo más firme, el de una realidad histórica. Me refiero a la realidad mesoamericana. Hoy llamamos mesoamericanos a aquellos pueblos indígenas que en este continente adoptaron la economía agrícola en tierras de temporal, en un área de dimensiones variables que se ubica al sur del Trópico de Cáncer, hasta la mitad occidental de Centroamérica. Tanto el territorio como la temporalidad son demasiado extensos, y sus sociedades demasiado heterogéneas.

Mesoamérica fue uno de los varios centros del mundo donde nació la agricultura. Los especialistas han estimado que la más antigua domesticación de plantas fue aquí hace aproximadamente 9 000 años, con los guajes y las calabazas. Los recolectores-cazadores usaron y consumieron estas plantas hasta transformarlas genéticamente, doblegándolas a su conveniencia y volviéndolas más dependientes de la intervención humana. Un milenio más tarde los hombres ya habían domesticado el árbol de la chupandía o copalxócotl, el aguacate y el chile.

Después, otros 1 000 o 2 000 años, se les unió la gramínea que se convertiría en el alimento por excelencia en Mesoamérica, el maíz. Le seguiría su complemento nutricio, el frijol. Los recolectores-cazadores no sólo manipularon todas estas plantas, sino que descubrieron el cultivo y lo practicaron regularmente para enriquecer su dieta sin abandonar su nomadismo. Pero en los milenios siguientes fueron aumentando las estancias junto a sus cultivos, hasta que, aproximadamente en el año 2500 antes de nuestra era, se invirtieron sus labores y el cultivo dejó de ser una actividad complementaria para convertirse en la fuente principal de la subsistencia. Fue el paso al sedentarismo agrícola, que marcó el nacimiento de Mesoamérica.

Para entonces, el número de las plantas domesticadas y cultivadas había aumentado considerablemente. La forma de vida de los sedentarios agrícolas fue extendiéndose paulatinamente en valles, montañas, extensas planicies, costas, por territorios de climas contrastantes. Cuatro cultivos prosperaron en las tierras beneficiadas por el agua de temporal: el maíz, el frijol, la calabaza y el chile. Constituyeron éstos la base de una dieta equilibrada.

 

Alfredo López Austin. Doctor en historia por la UNAM. Investigador emérito del Instituto de Investigaciones Antropológicas, UNAM. Profesor de la Facultad de Filosofía y Letras, UNAM.

 

López Austin, Alfredo, “Una tradición cultural”, Arqueología Mexicana, edición especial núm. 83, pp. 14-17.