Animales exóticos en Tenochtitlan. Los cocodrilos encontrados en las ofrendas del Templo Mayor

Erika Robles Cortés

El cocodrilo: una criatura mítica de la cosmovisión

Actualmente existen 24 especies de cocodrilos, caimanes o aligátores y gaviales, que se incluyen en la familia de los Crocodylidae. Estos animales se distribuyen en los esteros, lagos, lagunas, ríos, humedales y pantanos de Oceanía, Asia, África y América, y han sido tanto temidos como adorados por muchas culturas alrededor del mundo.

En la antigüedad se les consideraba animales maravillosos, espectaculares y fieros; en Egipto, diversos templos fueron dedicados a estos reptiles, y se les construyeron estanques en donde vivían suntuosamente adornados con oro y piedras preciosas.

Asimismo, en Roma, durante el imperio de César Augusto, el gobernante mandó introducir al Coliseo 36 cocodrilos provenientes del río Nilo para que éstos pelearan con los gladiadores ante miles de espectadores. Más recientemente, en el siglo XIX, los príncipes indonesios consideraban que su estirpe descendía de los cocodrilos: sacrificaban mujeres jóvenes, hermosamente ataviadas, en honor a los reptiles con el objetivo de perpetuar su linaje (Ross y Garnelt, 1992).

En Mesoamérica, los cocodrilos constituyeron parte de los símbolos, creencias y rituales de diversas culturas. Se creía que surcaban los cielos para incitar las lluvias y provocar estruendosos relámpagos; que su espalda escamosa era la agreste superficie terrestre, y su temible hocico, las entradas tenebrosas al inframundo. En la actualidad, las excavaciones arqueológicas realizadas a lo largo del territorio mexicano han develado la existencia de restos de cocodrilos en diversos sitios, pero lo que ha resultado sorprendente es que en las ofrendas del Templo Mayor se hayan exhumado restos de 20 acuetzpalin, nombre con el que, según los cronistas españoles, los nahuas llamaban a los cocodrilos y que significa “lagartija de agua”.

En México habita una especie de caimán (Caiman crocodilus) y dos de cocodrilo: el de río (Crocodylus acutus) y el de pantano (Crocodylus moreletii), los cuales viven en zonas de climas tropicales y subtropicales, lo que implica que los ejemplares que fueron colocados en los depósitos del Templo Mayor eran traídos hasta Tenochtitlan desde tierras muy lejanas.

Animales exóticos en Tenochtitlan

Desde que iniciaron las excavaciones del Proyecto Templo Mayor en 1978 y hasta el día de hoy, los arqueólogos han descubierto en el recinto sagrado de Tenochtitlan más de 200 depósitos rituales con cuantiosos materiales en su interior: imágenes de dioses; cráneos de mujeres, hombres y niños; instrumentos para el autosacrificio como punzones de hueso, navajillas de obsidiana y púas de maguey, y restos de una gran diversidad de especies animales.

Aunque se ha identificado fauna local (codornices, conejos, venados, perros y guajolotes), otros animales (corales, moluscos, estrellas de mar, cocodrilos y felinos) fueron traídos desde las selvas tropicales, arrecifes, desiertos y pantanos, entre muchos otros ecosistemas.

La riqueza de fauna y materiales registrados en esos depósitos refleja el poderío que alcanzó el imperio mexica y la expansión de su territorio. El fraile dominico Diego Durán (1995, pp. 258-263) describe que a Tenochtitlan llegaban, a manera de tributo, grandes cantidades de oro en polvo, joyas, piedras preciosas, plumas de colores, mantas finas, perlas, flores aromáticas, frutas, semillas, panales de abejas y numerosos animales, desde felinos hasta diminutos insectos, como los gusanos y las moscas que habitaban los lagos.

 

 

Erika Lucero Robles Cortés. Licenciada en arqueología por la ENAH y miembro del Proyecto Templo Mayor desde 2009.

 

Robles Cortés, Erika Lucero, “Animales exóticos en Tenochtitlan. Los cocodrilos encontrados en las ofrendas del Templo Mayor”, Arqueología Mexicana, núm. 155, pp. 24-31.

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