• 1-dic-2020

Azules en el Códice Florentino

Diana Magaloni Kerpel

Los azules

Si comparamos el color de la capa real de Moctezuma en la representación de su asesinato, hecha con el colorante índigo en tono pardo, con la de su retrato como señor de México en el libro VIII, comprobamos que el color está propositivamente alterado en la pintura de su muerte.

Los análisis científicos nos permitieron identificar que los colores azul turquesa y el verde claro, muy brillante, usado para pintar las plumas de quetzal en el libro XI, llamado quíltic, contienen la arcilla paligorskita. Con esta arcilla se fabricaba desde épocas tan tempranas como el Clásico, en el área maya (400-500 d.C.), el color azul maya. La técnica para hacerlo es fijar el colorante azul del índigo o añil (Indigofera suffruticosa) en la estructura cristalina de la arcilla, mediante cocción en agua. Esta arcilla blanca solamente se puede encontrar en la península de Yucatán, por lo que la materia prima para fabricar los colores, o los colores ya hechos, necesitaban ser importados de la ciudad de México.

Tanto por su procedencia, las tierras ricas del sur, como por su composición, hecho con un mineral (que proviene del interior de la tierra) y un colorante orgánico (que crece con la energía solar), el azul maya, o texotli en náhuatl, es un pigmento especial que posee ambas materias del cosmos: la solar y la telúrica. Se emplea en el Códice Florentino de forma extensiva para simbolizar con el azul turquesa de composición mixta todo aquello que es precioso: se pintaron con azul maya los fondos que representan el cielo en todas las imágenes del Sol, la Luna y las estrellas del libro VII. También las capas, diademas y joyas reales de los tlatoanis de México-Tenochtitlan, Tlatelolco, Texcoco y Huexutla; se colorearon con quíltic, mezcla de azul maya y colorante amarillo, las plumas finas de quetzal del libro IX ; se colorearon con azul maya las montañas lejanas de los paisajes de las tierras ricas del sur de la Nueva España, para ensayar la perspectiva aérea, y se pintaron de este color precioso las aguas cristalinas y creativas en las que se ven los peces mágicos del libro XI.

 

Diana Magaloni Kerpel. Doctora en historia del arte por la Universidad de Yale. Fue directora del Museo Nacional de Antropología. Investigadora del Instituto de Investigaciones Estéticas de la UNAM.

Tomado de Diana Magaloni Kerpel, “Los azules”, Arqueología Mexicana, edición especial, núm. 90, p. 60-64.

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