• 5-jul-2020

Dos diosas alimentadoras

Miguel León-Portilla

Página 29. Tonalámatl de los pochtecas (Códice Fejérváry-Mayer)

Mitad superior

Con estas dos diosas  concluye esta cuarta serie y asimismo esta sección quinta del códice. A la derecha, la deidad que amamanta a la pequeña figura humana aparece muy ataviada descansando sobre un oceloicpalli, asiento de piel de jaguar. Su tocado de plumas incluye, al centro, el glifo de chalchíhuitl, “jade”, elemento indicador de su identidad: Chalchiuhtlicue, “La de la falda de jade”. Es ella la señora de las aguas terrestres. Como todas estas diosas, tiene su quechquémitl, aquí de color rojo, su orejera es azul, propia de la diosa de las aguas terrestres. Su falda llega hasta sus pies. Frente a la diosa hay una maceta de la que brota una planta muy florecida, de tallo y ramas azules, como una corriente de agua. Arriba se ve un corazón en medio de una corriente de sangre.

La otra diosa, a la izquierda, se presenta también en postura sedente y en actitud (la de dar de mamar) muy semejante a la de la anterior deidad. Lleva, a modo de cobertura o “casco”, la cabeza de un ave quetzal, símbolo que la identifica como Xochiquétzal. “La flor preciosa como las plumas de quetzal”. Los atributos de esta diosa nos son ya conocidos. Una nariguera de salientes horizontales y una orejera azul con colgante son parte de su atavío. Su quechquémitl y su falda tienen líneas ocre y bordes rojos y amarillos. En ambos hay discos de color amarillo. Sobre su espalda se ve lo que Seler interpreta como un cuitlapantézcatl, “espejo trasero”, hecho al parecer de la concha adornada de una tortuga (1901-1902, p. l20). De su parte inferior sale un colgante de jades que rematan en una flor. Frente a la diosa hay otra maceta en la que ha crecido una planta de tallo amarillo con flores. Dos pedernales, símbolo de sacrificio, se ven a uno y otro lado del tallo en su parte inferior.

Las diosas parecen compensar al ser humano sus sacrificios con el sustento que, a su vez, le proporcionan. Ello se torna tal vez más visible en la diosa del lado derecho, con el corazón, arriba, en medio de una corriente de sangre.

Debajo de estas diosas se ven los días que les corresponden: Chalchiuhtlicue, ácatl, “caña”, y tres puntos, y Xochiquétzal, ollin, “movimiento”, y tres puntos. Llegados al término de esta quinta sección, cabe repetir acerca de su significación que implica actos rituales sacrificios, ofrendas, relacionados con cuatro grupos de cinco deidades que, a su vez, se presentan en un contexto calendárico de cuatro veintenas de días. En cada una de ellas se subrayan, con sus glifos, los correspondientes a cipactli, cóatl, atl, ácatl y ollin.

 

Miguel León-Portilla (1926-2019). Doctor en filosofía por la UNAM. Miembro de las academias mexicanas de la Historia y de la Lengua, del Colegio Nacional y de la National Academy of Sciences, E.U.A. Autor de numerosas publicaciones y profesor de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM. Miembro del Comité Científico-Editorial de esta revista.

Tomado de Miguel León-Portilla, “Página 29”, Arqueología Mexicana, edición especial, núm. 18, pp. 76-77.

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