• 24-ago-2019

Educación y niñez

Eduardo Matos Moctezuma

Los padres eran los responsables de la educación de sus hijos antes de que éstos fueran a la escuela. En el seno del hogar, además de jugar, aprendían las costumbres y ayudaban en diversas labores. Entre los mayas de Yucatán, según fray Diego de Landa:

Criábanse los dos primeros años a maravilla lindos y gordos. Después con el continuo bañarlos las     madres y los soles, se hacían morenos; pero eran todo el tiempo de la niñez bonicos y traviesos, que    nunca paraban de andar con arcos y flechas y jugando unos con otros y así se criaban hasta que     comenzaban a seguir el modo de vida de los mancebos… (Landa, 1978, p. 54-55).

En cuanto a los jóvenes, el mismo fraile nos dice: “Por eso usaban tener en cada pueblo una casa grande y encalada, abierta por todas partes, en la cual se juntaban los mozos para sus pasatiempos. Jugaban a la pelota y a un juego con unas tablas como los dados, y a otros muchos” (Landa, 1978, p. 54).

Ya que hablamos de juegos, en Teotihuacan se encontró el mural de Tepantitla en donde vemos representados diversos juegos de jóvenes: unos nadan en un río, otros caminan asidos de la mano que pasan entre las piernas, algunos juegan con pelotas, en tanto que otros están sentados frente a pequeñas bolas alineadas. También se han encontrado muñecas de barro con brazos y piernas que se ataban al cuerpo.

Entre los totonacas había perritos de barro con ruedas, aunque hay que aclarar que ninguno de estos objetos se ha recuperado como ofrenda asociada a restos de infantes, por lo que hay que tomar con reservas su utilización como juguetes (Matos, 1993). Situación diferente es la que leemos en Sahagún, que habla de niñas jugando con tierra y pedazos de cerámica: “…hija mía, bien lo entiendes, porque ya no andas amontonando la tierra y burlando con las tejuelas y con la tierra con otras niñas, que ya entiendes y tienes discreción y usas de razón” (Sahagún, 1956, p. 127).

En los huehuehtlahtolli –los consejos de padres y madres para hijos e hijas mediante discursos tradicionales– se encuentra la respuesta que el niño maleducado da a su padre ante sus recomendaciones: “Aún soy un niñito, un chiquillo, que aún remuevo la tierra, que aún estoy jugando con tiestos, que aún juego con mi orina, con mis heces, que todavía mis babas, mis mocos, revuelvo en mis manos. Porque todavía no mucho me doy cuenta, escucho; no mucho he crecido, aún no soy prudente” (Huehuehtlahtolli, 1988, p. 311).

Esta imprudencia del lépero chamaco podía acarrearle graves consecuencias al igual que a quienes no hacían bien sus labores. Sabemos de los castigos que se aplicaba a los desobedientes. El Códice Mendoza nos ilustra sobre esto. Allí se ve cómo se les pegaba con varas, o se les hacía oler el humo de chiles quemados y se les picaba con púas de maguey.

El Dr. León-Portilla, nos dice que entre los mexicas llegaba el momento en que los niños tenían que entrar a la escuela, ya fuera el calmécac o el telpochcalli. Todo esto estaba acompañado de ceremonias y largas palabras y consejos. Allí recibían una rígida formación que los preparaba para el futuro. Entre las muchas palabras que se le dirigían al joven, están aquellas que llegaron a nosotros a través de Sahagún:

Nota otro aviso con que cumplimos contigo los viejos y sabios que somos: guárdale muy bien dentro de ti, mira que no lo olvides, y si te ríes de ello, serás mal aventurado; muchas otras cosas te serán     dichas y oirás allá donde vas, porque es casa donde se aprenden muchas cosas, y con esto que te digo,   juntarás lo que allá oyeres que es la doctrina de los viejos… (Sahagún, 1956, p. 215).

 

Eduardo Matos Moctezuma. Maestro en ciencias antropológicas, especializado en arqueología. Fue director del Museo del Templo Mayor, INAH. Miembro de El Colegio Nacional. Profesor emérito del INAH.

 

Matos Moctezuma, Eduardo, “Embarazo, parto y niñez en el México prehispánico”, Arqueología Mexicana núm. 60, pp. 16-21.

 

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