• jueves, 23 de mayo de 2019

El maguey. Breve historia

Enrique Vela

La relación de la planta del maguey con los grupos humanos en México es ancestral. Se han encontrado restos, en sitios de Tamaulipas, Oaxaca y Puebla, que indican que se le consumía desde hace más de 6 000 años y que fue una de las especies que acompañaron la transición de grupos nómadas de cazadores-recolectores a agricultores sedentarios. Tal como ocurrió con otras plantas, la explotación eficiente de las posibilidades que ofrecía el maguey fue consecuencia de una larga interacción con el hombre, que a la larga aprendió a reconocer qué partes le eran útiles, cuál era el mejor momento para manipularla y de qué manera hacerlo para no interferir en su ciclo natural de desarrollo. Es interesante hacer notar que si bien algunas especies, como el Agave salmiana –cuya aportación principal es el aguamiel para el pulque– pueden considerarse domesticadas, muchas otras son silvestres y pueden ser aprovechadas para obtener prácticamente los mismos productos. Más que pensar que se encontró la manera de cultivar el maguey –en los términos que por ejemplo se cultivan plantas como el maíz, que depende fundamentalmente del cuidado humano para sobrevivir– hay que ver la relación de los grupos humanos con la planta como una en que se le aprovecha y cuando resulta necesario interviene para propiciar su dispersión. A esos conocimientos sobre la naturaleza del maguey, se sumaron los instrumentos necesarios para lidiar con la aspereza propia de la especie, como tajadores y raspadores, y se desarrollaron las técnicas para procesarlo, ya sea para consumirlo como alimento –para lo cual las pencas debían asarse, e incluso se construyeron hornos para tal fin– o para obtener las fibras con las que se fabricaban cordeles y redes. Esos instrumentos y técnicas, así como las que se fueron desarrollando en épocas posteriores, en la medida que se incrementaban los usos que se daban al maguey –como la elaboración de textiles y papel, entre otros–, resultaron de tal modo eficientes que permanecieron prácticamente sin cambios hasta la llegada de los españoles. Algunos procesos productivos en los que el maguey se utilizaba de determinada manera, como su uso para delimitar terrenos o para conformar terrazas agrícolas, perduran hasta nuestros días.

 Mención aparte merece el proceso de extracción del aguamiel necesario para la elaboración del pulque. Aunque aún no se sabe con certeza en qué momento comenzó a explotarse la planta para obtener el aguamiel, las evidencias al respecto corresponden a las fases en las que la agricultura ya era una práctica bien establecida. Aunque los restos de maguey son un elemento que aparece regularmente en las exploraciones arqueológicas, lo que de suyo es un claro indicio de que era consumido y utilizado para otros fines con regularidad, su presencia en la iconografía es relativamente reducida, sobre todo si se le compara con la de la otra planta vital para las sociedades mesoamericanas, el maíz. Aun así, los ejemplos conocidos son suficientes para mostrar la importante presencia del agave en la vida ritual de las sociedades prehispánicas, lo que sumado a su fundamental aporte a la vida cotidiana lo ubican en el eje de un sistema de aprovechamiento integral de alcance único. Tras la conquista española, la explotación del maguey se adaptó en cierta medida a las nuevas circunstancias. Aunque muchos usos permanecieron, incluso hasta nuestros días, hoy la explotación del maguey tiene otros objetivos y ha perdido el balance que durante siglos caracterizó su relación con el hombre.

 

Enrique Vela. Arqueólogo por la ENAH, editor, desde hace 30 años trabaja en el ramo editorial.

 

Vela, Enrique (editor), “Breve historia”, Arqueología Mexicana, edición especial núm. 57, pp. 10-11.

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