• 21-oct-2019

El México indígena y los jaguares

Nicholas J. Saunders

Hay muchas comunidades rurales en México en las que aún se celebran fiestas que tienen elementos simbólico asociados a los felinos y en especial al jaguar. Los tlacololeros, la Danza de los tecuanis son dos de sus manifestaciones más conocidas. En pueblos como Totoltepec, Guerrero.

Entre los olmecas (1250·400 a.C.), Algunas de las esculturas y estatuillas más pequeñas son consideradas como chamanes que se transforman en naguales felinos, captados a medio camino entre felino y hombre. También podría simplemente tratarse de chamanes o sacerdotes con máscaras de felinos o que asumen posturas felinas para llevar a cabo un ritual olvidado hace mucho tiempo.

La relación simbólica entre los poderosos felinos y los gobernantes y  dioses de la sociedad olmeca parece haber sido el inicio de una tradición muy persistente en México. Se trata de antiguas concepciones derivadas de las creencias chamánicas de las sociedades cazadoras-recolectoras, en las que humanos y animales podían compartir una misma esencia espiritual y cambiar la apariencia externa a voluntad.

Desde tiempos prehispánicos y hasta la actualidad, en el México indígena las ideas sobre los felinos y los rituales con simbolismos asociados a ellos no se ocupan de la adoración de los animales mismos. Los símbolos felinos forman parte de una filosofía moral y natural, de una manera de ver y entender el mundo.

Todas las civilizaciones mexicanas representaron a los jaguares y los pumas de acuerdo con sus estilos y según la visión que tenían de los animales en sus propias culturas. México forma parte de un área cultural mayor, llamada Mesoamérica, en la cual se comparten muchas ideas y creencias acerca de los jaguares, los animales y los espíritus compañeros.

 

Nicholas J. Saunders. Doctor en arqueología por la Universidad de Southampton. Profesor del Departamento de Antropología del University College London, Londres

 

Tomado de Nicholas J. Saunders, “El icono felino en México. Fauces, garras y uñas”, Arqueología Mexicana, núm. 72, pp. 20-27.