• 20-sep-2019

El Palacio Quemado, Tula. Seis décadas de investigaciones

Luis Manuel Gamboa Cabezas

Con base en las investigaciones arqueológicas realizadas a lo largo de seis décadas, se sabe que el Palacio Quemado es uno de los conjuntos arquitectónicos más complejos de Tula, en el que probablemente se realizaron actividades administrativas.

 

Durante las exploraciones monumentales que llevó a cabo Jorge R. Acosta en la zona arqueológica de Tula (1955 y 1960), efectuó la excavación, consolidación y restauración del Edificio 3, mejor conocido como Palacio Quemado. Esos trabajos se registraron en informes y publicaciones, en los que se mencionan los objetos y elementos arquitectónicos que se descubrieron, no sólo en el Palacio Quemado sino también en otros edificios que circundan la plaza principal de Tula Grande (Acosta, 1956, 1957-58 y 1960).

El Palacio Quemado, considerado uno de los conjuntos arquitectónicos más complejos, está compuesto por tres amplias salas, cuya techumbre estaba sostenidas por columnatas. En cada sala se construyó un “impluvio” o patio interno abierto, que funcionaba como recolector de agua, área de ventilación y entrada de luz. El acceso a cada una de estas salas era independiente, sin comunicación entre sí.

Los muros y columnatas del Palacio Quemado se construyeron sin cimentación, sobre una plataforma que cubrió construcciones más antiguas y rellenos de piedra alternados con lodo. Los muros son de adobe, que se encontraban pintados en forma de franjas en rojo, amarillo, azul, blanco y negro, como el descubierto entre el pasillo del Palacio Quemado y el Edificio B.

Las columnatas de la Sala 2 y el Vestíbulo Sur son cuadrangulares, construidas con maderos y dejando el centro para ser rellenado con barro y pequeñas piedras; en la salas 1 y 3, el Vestíbulo Oeste y los cuartos de la parte norte, las columnas son circulares.

 

Funciones del palacio

 

El nombre de Palacio Quemado se debe a dos razones. Lo de quemado porque hay frisos con alteración en sus colores, el techo desplomado, vigas carbonizadas y algunos adobes convertidos en ladrillos debido a la intensidad del incendio, que fue provocado intencionalmente. El nombre de palacio se debe a que es un edificio alargado, con elementos arquitectónicos complejos y porque se cree que es un recinto relacionado con la administración o la burocracia.

Guadalupe Mastache y Robert H. Cobean (1985) han propuesto que en el recinto monumental no hay un edificio con las características de una residencia real, y que no hay evidencias de que el Edificio K, el Palacio Quemado o las estructuras asociadas a las Pirámides B y C fueran estructuras residenciales. Sin embargo, es probable que los tres grandes conjuntos asociados a la Pirámide B –el Palacio al Este, el Palacio de Quetzalcóatl y el Palacio Quemado– constituyeran un gran complejo arquitectónico que funcionaba en conjunto como palacio real, y que cada uno de los edificios tuviera funciones complementarias, con espacios para actividades rituales, administrativas y de gobierno.

Luego de los trabajos de Jorge R. Acosta en el Palacio Quemado no se demostró que el edificio fuera residencial, pues no se encontraron fogones, basureros, ni otros elementos característicos de las unidades habitacionales. Sin embargo, en la Sala 1 se descubrieron vasijas de uso doméstico y ceremonial (pipas, incensarios y braseros), que fueron aplastadas cuando se cayó la techumbre del edificio durante el incendio, lo que hace suponer que se trataba de una bodega.

En las salas 1 y 2 se localizaron frisos que adornaban los “impluvios”, en los que se veían un tezcacuitlapilli (disco solar), un cuauhxicalli (vasija con corazones sangrando) y figuras humanas recostadas y con el cuerpo torcido hacia un lado y las piernas flexionadas, que han sido interpretadas como representaciones de jefes de la antigua Tollan. En esas salas también se descubrieron altares adosados a las banquetas y los muros. Las banquetas constan de un talud rematado por una cornisa que forma el asiento, y en la parte posterior llevan un ligero muro en talud, que funciona como respaldo. Sahagún señala que los teoicpalli (tronos de piedra) mexicas eran sillas señoriales de alto rango o jerarquía. En los códices también se aprecia lo anterior, por lo que suponemos que las banquetas del Palacio Quemado fueron usadas por los sacerdotes y gobernantes de Tollan.

 

Gamboa Cabezas, Luis Manuel, “El Palacio Quemado, Tula. Seis décadas de investigaciones”, Arqueología Mexicana núm. 85, pp. 43-47.

 

• Luis Manuel Gamboa Cabezas. Maestro en arqueología. Investigador del Centro INAH Hidalgo, trabaja en la zona arqueológica de Tula. Se ha especializado en el estudio de la sociedad tolteca desde una perspectiva urbanística y desarrolla un proyecto cartográfico sobre el crecimiento de la ciudad de Tula.

 

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