• domingo, 24 de junio de 2018

El panteón mexica

Dúrdica Ségota

En los estudios sobre las religiones prehispánicas, la palabra "panteón" se utiliza para designar a las numerosas deidades que pertenecen a las diversas culturas mesoamericanas. Aquí se pretende esbozar la complejidad del panteón mexica, desde su punto más remoto enel espacio y el tiempo míticos -el treceavo cielo, lugar de la pareja creadora- hasta una de sus características más sobresalientes:la intención globalizadora del pensamiento mexica en cuantoal universo divino y natural.

 

La palabra "panteón", en su acepción original griega, significa "todo dios", y en lengua latina, se refiere al templo romano dedicado a todos los dioses; en los estudios acerca de las culturas prehispánicas, dicha palabra se utiliza para designar a los conjuntos integrados por numerosas deidades pertenecientes a diversas culturas mesoamericanas.
Este politeísmo -aunado a otras dificultades que existían en los intentos por comprender lo desconocido, lo imposible de identificar- fue un obstáculo para los frailes de la Nueva España del siglo XVI, no sólo en cuanto a su labor evangelizadora, sino también en sus afanes por describir con veracidad a cada uno de los dioses y diosas, sus poderes, funciones, atributos e indumentaria. Los frailes, creyentes en un Dios único, trataron de subsanar estos problemas recurriendo a las religiones politeístas conocidas por ellos: la griega y la romana. Así, fray Bernardino de Sahagún -en su monumental obra que hoy recibe el nombre de Códice Florentino- compara al dios protector del pueblo mexica, Huitzilopochtli, con Hércules, que es "de grandes fuerzas y muy belicoso"; Tezcatlipoca "es como Júpiter", Chalchiuhtlicue, diosa de las aguas, "es otra Juno"; Tlazoltéotl, a la que los textos asocian "con la basura y las inmundicias", es "otra Venus"; Xiuhtecuhtli, dios del fuego, es "otro Vulcano". Si bien pudieron haberles sido útiles estos paralelismos, hoy día sabemos que un Huitzilopochtli y un Hércules eran tan distintos como lo fueron las culturas a las que pertenecieron. Sin embargo, más allá de estos equívocos en el mencionado libro de Sahagún, u otras deficiencias que podamos encontrar en los textos de sus contemporáneos –como fray Diego Durán, Motolinía y Mendieta-, estos escritos han sido la base misma para conocer e l panteón de los mexicas y son el punto de partida en el estudio de las imágenes de cualquiera de sus deidades.

 

Espacio tiempo míticos

Mientras con la letra latina y en lengua náhuatl o castellana se guardaba la memoria de los dioses, así como de los cultos y rituales dedicados a cada uno, sus representaciones -en escultura de bulto, relieves, pinturas murales y códices o en cerámica- fueron enterradas, destruidas o, en ocasiones, reutilizadas como materiales para las nuevas construcciones de los nuevos amos. Afortunadamente, estos símbolos e imágenes han ido emergiendo poco a poco del olvido y del subsuelo de la ciudad de México o de las regiones cercanas.

En principio, se presentará aquí -aunque sea parcialmente- toda la complejidad del panteón mexica desde su punto más remoto en el espacio y el tiempo míticos: el treceavo cielo, último de los niveles celestes, que albergaba a la pareja creadora, Ometecuhtli, "Señor Dos" en náhuatl, y su mujer, Omecíhuatl, "Señora Dos" (en otras fuentes los encontraremos con los nombres de Tonacatecuhtli y Tonacacíhuatl). Esta pareja es una expresión del principio dual, que rige tanto a la religión como a la taxonomía de la naturaleza y, desde luego, al orden social mismo. Dioses distantes, prácticamente inaccesibles, al parecer no tenían culto ni templo propio entre los mexicas. pero su existencia era sumamente importante, pues procrearon cuatro hijos: Tezcatlipoca rojo, Tezcatlipoca negro, Quetzalcóatl y, con respecto
al cuarto hijo, la información varía: algunas veces es Huitzilopochtli, otras Tláloc u otra deidad. Estos hermanos estuvieron en pugna constante, y de tales luchas resultaban victorias o derrotas que fueron creando y destruyendo los mundos-soles, los cuatro espacios-tiempos consecutivos; también originaron la Quinta Edad, correspondiente a la Tierra y al tiempo de los hombres mexicas. Los cuatro dioses creadores se hallaban en plena vigencia durante los siglos XIV, XV y XVI, ocupando un lugar muy importante en el panteón. A Tezcatlipoca, "el Espejo Humeante", cuyos aspectos múltiples se significaban por una diferenciación cromática -el negro y el rojo-, se le asociaba con los poderes nocturnos, con lo maléfico, con la incitación belicosa; era considerado como “sembrador de discordias”. A veces es fácilmente reconocible por tener, en lugar de un pie, un espejo circular que humea.

De igual manera, Quetzalcóatl era muy importante, al menos en dos aspectos: uno, como la "Serpiente Emplumada" (su nombre así lo significa), correspondiente en el plano cósmico al planeta Venus; creador y benefactor del hombre, era considerado a la vez como hombre y como héroe cultural. El otro, como Ehécatl -la deidad del viento era una de sus advocaciones más conocidas.

Mientras que la representación de Quetzalcóatl era la de un rostro humano que se asoma entre las fauces de una serpiente emplumada, la de Ehécatl consistía en una figura de hombre, a menudo de cuerpo entero, que porta una máscara bucal de ave de tamaño considerable.

 

• Dúrdica Ségota. Historiadora del Arte. Investigadora del Instituto de Investigaciones Estéticas y profesora del posgrado en Historia del Arte en el Colegio de Historia de la Facultad de Filosofía y Letras. UNAM.

 

Ségota, Dúrdica, “El panteón mexica”, Arqueología Mexicana núm. 15, pp. 32-41.

 

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