• 17-sep-2019

El Templo de Quetzalcóatl. Parte III

Rubén Cabrera Castro y George Cowgill

Esqueletos con las manos atadas (cont.)

Como en los casos anteriores, las ofrendas consistían también en numerosas puntas de obsidiana y, como parte de su indumentaria, llevaban discos de pizarra o broches colocados en la parte posterior, a la altura de la cadera.

En los individuos mas jóvenes, los ornamentos y la ofrenda eran más pobres: pequeñas orejeras de concha y collares formados por cuentas del mismo material, además de algunas puntas de proyectil colocadas en diferentes partes del  esqueleto. Sin embargo, la posición de las manos era la misma, amarradas hacia atrás.

La excavación en el interior del Templo de Quetzalcóatl se efectuó por medio de un túnel, que corre del lado sur del edificio hacia su parte central. Antes de llegar allí se encontraron dos conjuntos de esqueletos, colocados también en fosas excavadas en el tepetate.

La primera tumba, cuyas dimensiones son 7.8 x 1.55 m, contenía ocho esqueletos en posición semiflexionada, con los cráneos orientados hacia el centro del templo. No obstante el mal estado de conservación, se pudo determinar la edad y el sexo de algunos individuos y comprobar que la mayoría tenía también las manos amarradas en la espalda. Su edad fluctúa entre los 13 y los 35 años, todos de sexo masculino. Asociadas a estos entierros, se encontraron discos y cuentas de concha, así como algunas puntas de proyectil.

La segunda tumba contenía 18 esqueletos, en su mayoría flexionados y en posición de descanso sobre uno de los lados del cuerpo; los cráneos estaban orientados también hacia el centro del edificio y con las manos atadas hacia atrás. Sus ofrendas y ornamentos  eran similares a los encontrados en otros entierros, es decir, abundantes puntas de proyectil, collares y piezas de concha en forma de maxilares humanos, así como discos de pizarra. Cabe resaltar la presencia de un individuo que en lugar de maxilares de concha, como los demás, presentaba maxilares verdaderos, pero no humanos sino de un canido, posiblemente perro o coyote.

Una diferencia entre los entierros de las dos tumbas interiores fue que en la segunda los individuos eran de mayor edad y su indumentaria mucho más rica.

Un saqueo prehispánico frustrado

AI continuar las excavaciones del túnel hacia el centro del edificio, encontramos otro túnel de mayores dimensiones a 24 m de la entrada. Al principio, este hallazgo inusitado nos desconcertó, pero después nos dimos cuenta de que se trataba de un túnel prehispánico de saqueo, efectuado al parecer por los propios teotihuacanos hacia los años 350-400 de nuestra era, construido con la intención de robar dos importantes tumbas localizadas en la parte central del edificio. Estas tumbas contenían numerosos objetos de gran valor, según pudimos comprobar por los residuos que quedaron. Por ejemplo, junto a los restos humanos removidos se encontraba un objeto de madera tallada con la representación de una serpiente; se trata, al parecer, de un bastón de mando de alguno de los personajes que fueron sepultados ahí.

Afortunadamente, los saqueadores no tocaron la parte central de la pirámide, por lo que nuestras excavaciones se dirigieron hacia ese punto. Encontramos allí un conjunto de esqueletos de 20 individuos, colocados en forma diferente a los que habían sido localizados en el Templo de Quetzalcóatl. En este caso no había ningún patrón uniforme en su disposición. Algunos estaban extendidos y otros semiflexionados, con las manos en distintas posturas. Tampoco su orientación fue. homogénea, pues se encontraron tanto hacia el este como hacia el oeste, con ofrendas diferentes, unas mas ricas que otras. La ubicación de estos entierros en la parte central del edificio, la altura de su desplante, y el hecho de estar asociados con una mayor cantidad y variedad de ofrendas que aquellos descubiertos hasta la fecha en Teotihuacan, indican la mayor importancia jerárquica de los personajes aquí enterrados con respecto a los otros encontrados tanto en el interior como en el exterior de la pirámide de Quetzalcóatl.

La variedad de ofrendas asociadas a estos 20 individuos incluye diversos objetos elaborados en piedra verde, como orejeras, narigueras, cuentas y pequeñas figurillas de forma humana, algunas con incrustaciones de concha para señalar los ojos y los dientes. También se hallaron pequeños conos con decoraciones geométricas en la base, cuya función desconocemos, y muchos objetos de obsidiana: puntas de proyectil, diminutos cuchillos, grandes navajas prismáticas y otros objetos a los que se conoce con el nombre de excéntricos, en forma de serpientes y de figuras humanas estilizadas.

Rubén Cabrera Castro

Arqueólogo. Maestría en Antropología. UNAM. Ha realizado investigaciones en diversas regiones del país, principalmente Guerrero, Michoacán y Teotihuacan. Su campo fundamental de interés son las culturas del Altiplano, en especial Teotihuacan. Investigador, de la zona arqueológica de Teotihuacan.

George Cowgill

Arqueólogo. Doctorado en Antropología. Universidad de Harvard. Ha trabajado en diversos proyectos en Teotihuacan. Intereses fundamentales: origen de las sociedades complejas y aplicación de modelos matemáticos y estadísticos en la investigación arqucológica. Profesor titular. Universidad Estatal de Arizona.

 

 

Cabrera Castro, Rubén y George Cowgill, “El Templo de Quetzalcóatl”, Arqueología Mexicana, núm. 1, pp. 21-26.