• 11-jul-2020

Escudo miniatura del Templo Mayor

Laura Filloy Nadal et al.

El escudo miniatura de la Ofrenda 141. Templo Mayor de Tenochtitlan

Bajo el suelo enlosado de la Plaza Oeste, y a pocos metros de distancia de la escalinata del Templo Mayor (etapa VI), se localizó en el año 2011 una pequeña caja de sillares de tezon-tle, que contenía poco más de 16 000 vestigios materiales y a la que se denominó Ofrenda 141. Los dones fueron colocados durante el reinado del tlatoani Ahuítzotl (1486-1502), es decir, en el Posclásico Tardío. Se trata de un contexto muy estable y con un contenido de humedad elevado, al encontrarse en lo que antiguamente fuera una cuenca lacustre. Además, durante los más de 500 años en que los objetos permanecieron bajo tierra, las condiciones micro climáticas se mantuvieron constantes: ausencia de luz, mínimo contenido de oxígeno y poca fluctuación en la temperatura.

Entre los dones de la Ofrenda 141 destaca un pequeño chimalli (escudo en náhuatl) manufacturado con fibras duras. Hasta hace poco, ésta era la primera rodela mexica miniatura de estera que había hasta nuestros días, proveniente de un contexto arqueológico.

Por su naturaleza y técnica de manufactura, este elemento se encontró sumamente vulnerable. El equipo de restauración del Proyecto Templo Mayor realizó algunos procesos in situ, con el fin de brindarle mayor estabilidad y poder entonces levantarlo del contexto. Para ello se aplicó un velado con papel japonés y un adhesivo de celulosa. Luego, de manera sumamente cuidadosa, el chimalli se levantó con ayuda de espátulas de teflón y láminas flexibles de polietileno.

Como parte de los tratamientos de conservación, se realizó un proceso de consolidación para las fibras vegetales. Éstas se impregnaron con una mezcla de azúcares sintéticos, según recomendación de los investigadores Andras Morgos y Setsuo Imazu, cuyas ventajas incluyen la compatibilidad con el material arqueológico, además de ser estables ante los ataques de microorganismos y las posibles fluctuaciones de humedad relativa. Ya seco y estabilizado, el chimalli se adhirió a un soporte de papel japonés y se montó sobre una guarda de cartulina libre de ácido para permitir su manipulación y exhibición con toda seguridad.

 

Laura Filloy Nadal. Restauradora por la Escuela Nacional de Conservación, Restauración y Museografía del INAH y doctora en arqueología por la Sorbona de París. Trabaja en el Laboratorio de Conservación del Museo Nacional de Antropología donde ha encabezado la restauración y el estudio de piezas emblemáticas. En 2019 fue co-curadora de la exposición “Chimalli. Tesoro de Moctezuma en Chapultepec” y coordinó el dosier “La pluma y sus usos en Mesoamérica”, número 159 de la revista Arqueología Mexicana.

María Barajas Rocha. Restauradora por la Escuela Nacional de Conservación, Restauración y Museografía del inah. Se ha desempeñado como especialista en museos y en conservación arqueológica, en el Museo Nacional de Antropología, el Museo Nacional de Historia y el Museo del Templo Mayor. Coordinadora de restauración en el Proyecto Templo Mayor.

Adriana Sanromán Peyron. Restauradora por la Escuela Nacional de Conservación, Restauración y Museografía del INAH, donde se desempeña como docente. Ha participado en proyectos de conservación en el Museo Nacional de Antropología y el Museo del Templo Mayor. Es parte del equipo de conservación del Proyecto Templo Mayor.

 

Filloy Nadal, Laura et al., “El escudo miniatura de la Ofrenda 141”, Arqueología Mexicana, edición especial, núm. 91, pp. 86-91.

Si desea leer el artículo completo, adquiera nuestras ediciones impresa y digital:

La cestería en México. Versión impresa

La cestería en México. Versión digital