• jueves, 23 de mayo de 2019

Estudios recientes en la lapidaria de Teopancazco

Emiliano Melgar Tísoc y Reyna Solís Ciriaco

Durante los trabajos arqueológicos en Teopancazco han sido recuperadas decenas de piezas lapidarias en distintas partes de este centro de barrio ubicado en el sureste de la ciudad, el cual tenía funciones rituales, artesanales y administrativas; además de estar regido por una “casa” poderosa que formó parte de las elites intermedias locales.

En Teotihuacan, una urbe cosmopolita del Centro de México, el control sobre el flujo y acceso diferencial a los materiales lapidarios, su origen, cantidad y distribución debió ser un factor importante en la división de los estratos sociales. Bajo esta dinámica, los recursos considerados de lujo o de prestigio son escasos, alóctonos o de manufactura excepcional, tienen una distribución más limitada en beneficio de determinados sectores de la sociedad, ya que son empleados para fines religiosos o simbólicos, o sirven como marcadores de estatus e identidad.

Por ello, la correcta caracterización de las materias primas y la tecnología empleada para su transformación en objetos dotados de significado permite profundizar en las redes de interacción de un sitio con regiones cercanas o distantes por medio de la economía política ejercida sobre ellos. Así, el rastreo de sus diferentes trayectorias de circulación y distribución permite la construcción simbólica de relaciones distantes y materializa la presencia de lugares, tradiciones de manufactura y personas lejanas.

La identificación mineralógica de materiales pétreos de Teopancazco Con el propósito de caracterizar adecuadamente las materias primas con que se manufacturaron los artefactos de lapidaria en Teopancazco, se analizaron 104 piezas de distintos contextos y temporalidades de este centro de barrio teotihuacano.

Para el estudio se consultaron manuales y colecciones pertenecientes a los acervos del Museo del Templo Mayor. Esos minerales de referencia se analizaron con microscopía petrográfica y difracción de rayos X. Ello permitió ratificar los resultados obtenidos en las piezas arqueológicas mediante dos técnicas no destructivas: microsonda de rayos X (eds) y espectroscopía micro-Raman (μRaman). La primera permite conocer la composición química elemental de las piezas, mientras que la segunda ofrece información sobre los compuestos y enlaces moleculares. Ello permite identificar las materias primas y sus probables yacimientos o lugares de procedencia.

A partir del empleo de ambas técnicas fue posible identificar lo siguiente: jadeíta, serpentina, cuarzo verde, travertino, caliza, mármol y pedernal. De estos materiales podemos destacar las jadeítas y las serpentinas; las primeras son aluminosilicatos ricos en sodio cuyos únicos yacimientos conocidos están localizados en la cuenca del río Motagua, en Guatemala, mientras que las serpentinas son silicatos ricos en magnesio que se distribuyen a lo largo de la Sierra Madre del Sur. Aunque esta última muestra se obtuvo de distintos yacimientos, destacan varios ornamentos hechos con serpentina que coincidieron con las muestras de Tehuitzingo, Puebla.

El análisis tecnológico y la filiación cultural de los objetos

Para analizar la tecnología empleada en la elaboración de los objetos lapidarios nos hemos apoyado en la arqueología experimental, es decir, por medio de un taller en el que se han reproducido los diferentes tipos de modificaciones que presentan las piezas: desgastes, cortes, perforaciones, incisiones, calados y acabados; así como a partir de diversas fuentes de información como documentos históricos, propuestas de algunos investigadores y datos de contextos arqueológicos. Las huellas resultantes son comparadas sistemáticamente con las de los objetos arqueológicos a simple vista, con ayuda de una lupa de 20x y el empleo de un microscopio estereoscópico a 10x y 30x, así como con microscopía electrónica de barrido (meb) a 100x, 300x, 600x y 1000x (Melgar et al. 2012).

A partir de este análisis se identificaron tres patrones tecnológicos. El primer grupo está conformado por las piezas de serpentina y pirita, así como por los trozos de vasijas de travertino, los cuales destacan por tener las superficies desgastadas con andesita y pulidas con nódulos de pedernal. Estas piezas comparten la tecnología detectada en varios objetos de estilo teotihuacano, como máscaras, figurillas, orejeras, pendientes y narigueras en forma de mariposa, recuperados en distintos sectores de Teotihuacan, como Xalla, Oztoyahualco 15B, Pirámide de la Luna y el Barrio Oaxaqueño (Melgar, 2017). Ello permite identificar a este grupo de objetos como teotihuacanos, fabricados en los talleres locales de la urbe.

Emiliano Ricardo Melgar Tísoc. Arqueólogo, doctor en antropología por la UNAM. Profesor-investigador titular C del Museo del Templo Mayor, INAH.

Reyna Beatriz Solís Ciriaco. Licenciada en arqueología por la ENAH; maestra y doctora en antropología por la UNAM. Profesora de asignatura del posgrado de Estudios Mesoamericanos de la UNAM.

 

Melgar Tísoc, Emiliano y Reyna Solís Ciriaco, “Estudios recientes en la lapidaria de Teopancazco”, Arqueología Mexicana, núm. 157, pp. 48-52.

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