• 12-dic-2019

Historias de los códices mexicanos. Códice Laud

Manuel A. Hermann Lejarazu

Del pequeño grupo de códices prehispánicos que sobrevivió a la conquista española, el Códice Laud es, quizá, uno de los que mayor perfección muestra tanto en el trazo como en el manejo de los colores. El artista-escribano que realizó el códice guarda una línea muy depurada, alcanza una gran precisión en los contornos de las figuras así como en la aplicación de los colores al plasmarlos de manera uniforme, lo que demuestra una virtuosa destreza del pintor cuya filiación étnica desconocemos.

Pero no solamente en la extraordinaria técnica pictórica se distingue este importante manuscrito: el Códice Laud tiene interesantes diferencias con el Códice Borgia, el Vaticano B o el Cospi, pues contiene secciones que no aparecen en los demás códices adivinatorios. En lo particular, el Códice Laud mantiene una estrecha relación con la parte ritual del Códice Porfirio Díaz o Códice de Tututepetongo, manuscrito proveniente de la región cuicateca situada en la parte norte del estado de Oaxaca.

El Códice Laud se encuentra actualmente en la Biblioteca Bodleiana de la Universidad de Oxford, Inglaterra, catalogado con el número 678. Durante mucho tiempo se le consideró un documento egipcio, pues el códice ha sido conservado dentro de un estuche de piel que tiene adherida una etiqueta que dice: Liber Hieroglyphicorum Aegyptorum MS, “libro manuscrito de jeroglíficos egipcios”. Una inscripción en latín colocada directamente sobre la cubierta del códice dice que perteneció al arzobispo de Canterbury, William Laud, en 1636. Durante más de un siglo diversos especialistas han discutido la manera en que William Laud adquirió el documento en el siglo XVII. Nada se sabe sobre la historia anterior a esa fecha, ni de dónde exactamente pudo haber salido este extraordinario códice.

En 1905, Walter Lehmann lanzó la hipótesis de que el documento pudo haber sido obsequiado al arzobispo Laud por el entonces príncipe de Gales, más tarde conocido como Carlos I de Inglaterra, quien realizó un largo viaje a España en 1623 con la intención de acordar un matrimonio con la infanta María, hija de Felipe III y establecer una alianza (Lehmann citado por Martínez Marín, 1961, p. 27).

Más tarde, Cottie Burland en 1966 sugirió que el manuscrito había pertenecido al ocultista John Dee, quien lo deja como herencia al arzobispo Laud en 1608 (Anders y Jansen, 1994: 28). Sin embargo, Ferdinand Anders y Maarten Jansen proponen que el códice llegó a manos de Laud a través de Thomas Howard, conde de Arundel, durante un viaje que éste realizó a Alemania y Austria en 1636.

William Laud (1573-1645) fue un importante clérigo perteneciente a la alta jerarquía de la Iglesia anglicana. A lo largo de su vida ocupó diversos puestos eclesiásticos, hasta convertirse en consejero del rey Carlos I, así como del duque de Buckingham. Después de ser nombrado obispo de Londres, en 1630 fue elegido canciller de la Universidad de Oxford, puesto en el que creó nuevos estatutos e implementó los estudios árabes como parte de una cátedra, además de adquirir manuscritos en esa lengua para la Biblioteca Bodleiana. Con el apoyo de Carlos I y del duque de Buckingham, Laud alcanzó la más alta jerarquía de la Iglesia, fue elegido arzobispo de Canterbury en 1633, líder espiritual de la comunidad anglicana y principal cabeza de la Iglesia en Inglaterra después del rey, quien mantiene la máxima autoridad.

Laud también fue un gran coleccionista de manuscritos y libros antiguos. Se interesaba por adquirir textos en griego, latín o árabe, por lo que llegó a recopilar una gran cantidad de libros escritos en diversas lenguas. Según mencionan Anders y Jansen (1994: 27), Laud comenzó la costumbre de mandar poner en sus manuscritos la fecha de su adquisición, por lo que el año de 1636 en el códice prehispánico indica, sin duda, el momento en que esa pictografía llegó a sus manos.

Como habíamos apuntado anteriormente, es probable que el arzobispo de Canterbury haya recibido el códice de parte del conde de Arundel. Este importante personaje se encontraba en una misión diplomática ordenada por Carlos I para lograr una entrevista con el emperador de Habsburgo, Fernando II. El conde visitó numerosos lugares del sur de Alemania durante su largo trayecto hasta Viena y Praga, sitios en los que muy probablemente pudo encontrar el códice mexicano (Anders y Jansen, 1994: 31). Arundel estuvo en Nüremberg y Würzburgo, ciudades en las que se encontraban famosas bibliotecas y gabinetes de arte que conservaban antigüedades provenientes del Nuevo Mundo. A raíz de la guerra de los Treinta Años (conflicto desarrollado en Europa entre 1618 y 1648 que enfrentó a la Europa católica con la protestante), numerosas bibliotecas fueron saqueadas por los ejércitos suecos y sus tesoros artísticos quedaron dispersos. Por esta razón, el arzobispo Laud se interesaba en recuperar libros y antigüedades que habían sido objeto de robo y pillaje.

Los libros que adquirió Laud entre 1636 y 1639 fueron obsequiados por el propio arzobispo a la Biblioteca Bodleiana, junto con una gran colección que había formado a lo largo de su vida. Desde 1635 Laud lleva a cabo varias donaciones de libros escritos en diversas lenguas, como el turco, persa, árabe e incluso chino. Es probable que en el envío de 1639 el códice haya entrado formalmente a la biblioteca, pero desafortunadamente no hay referencias de la pictografía mexicana en las cartas y listas escritas por Laud al vicecanciller y demás profesores de la Universidad de Oxford. Desde entonces, el manuscrito ha permanecido resguardado en dicha biblioteca.

Como consejero de Carlos I, William Laud se había hecho partidario del absolutismo del rey, quien gobernaba sin Parlamento desde 1629. Después del levantamiento presbiteriano de Escocia en 1638 (movimiento que se apoya en la teología calvinista que enfatiza la salvación por medio de la fe), Carlos I se vio obligado a convocar al Parlamento, el cual mostraba gran animadversión hacia los consejeros del rey. Los parlamentarios, opuestos al absolutismo monárquico, ordenaron la detención del primer ministro Thomas Wentworth y la de William Laud en marzo de 1641. El arzobispo fue encarcelado en la Torre de Londres acusado de malaconsejar al rey y de pretender reconciliar a la Iglesia de Inglaterra con la de Roma, en vista de las diversas reformas que ejecutó durante su arzobispado.

En la primavera de 1644 comenzó el juicio contra William Laud que terminó sin un veredicto y sin el beneficio de un proceso judicial, por lo que fue condenado a muerte y decapitado el 10 de enero de 1645. La guerra civil inglesa se recrudeció con la separación de los parlamentarios y el radicalismo de los puritanos al mando de Oliver Cromwell. Después de varias derrotas realistas, Carlos I fue llevado ante el Parlamento, que luego de un juicio resolvió su decapitación en 1649.

 

Manuel A. Hermann Lejarazu. Doctor en estudios mesoamericanos por la UNAM. Investigador en el CIESAS-D.F. Se especializa en el análisis de códices y documentos de la Mixteca, así como en historia prehispánica y colonial de la región. Miembro del Sistema Nacional de Investigadores.

Hermann Lejarazu, Manuel A., “Historias de los códices mexicanos. Códice Laud”, Arqueología Mexicana, núm. 110, pp. 14-15.

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