• miércoles, 14 de noviembre de 2018

La Blanca, Río Mopán, Guatemala

Tanto La Blanca como Chilonché se fundaron en un estratégico emplazamiento entre el río Salsipuedes y la serranía de suaves elevaciones que marca el límite occidental del valle del Mopán y en ambos la monumentalidad de su arquitectura es muy llamativa, especialmente en La Blanca, donde los palacios de su Acrópolis rivalizan en tamaño y calidad constructiva con los de las grandes ciudades situadas más al norte, como Tikal, Nakum o Yaxhá.

En este sitio arqueológico el “Proyecto La Blanca” ha cumplido los tres objetivos antes enunciados, por ello actualmente es un sitio que se puede visitar y que dispone de todas las infraestructuras necesarias para su recorrido y disfrute.

A diferencia de Chilonché, su periodo de ocupación fue más corto, ya que si bien en el sector sur se han documentado materiales cerámicos del Clásico Temprano, sus principales edificios y el apogeo del sitio pertenecen a los periodos Clásico Tardío y Terminal.

La Blanca está ordenada por una Gran Calzada central, de unos 35 m de ancho y una longitud de 300 m desde la Gran Plaza Norte hasta el Grupo Sur. Al oriente de la Gran Calzada se levanta una monumental Acrópolis, formada por un basamento de 8 m de altura y coronada por palacios que alcanzan una altura de 17 m sobre el piso de la calzada. Tres de sus lados están cerrados por un gran edificio en forma de C (6J2); el Palacio de Oriente (6J1) ocupa el flanco oriental y hay un patio central de unos 1 000 m2. La sala central de este palacio posee una de las bóvedas más anchas de toda el área maya, y en ella debieron celebrarse importantes encuentros protagonizados por la elite. Sus muros, al igual que los del otro palacio, exhiben numerosos grafitos, algunos de ellos ejecutados con gran maestría y delicadeza.

A la Acrópolis se accede desde la Gran Plaza Norte, lugar reservado para grandes celebraciones y encuentros, ya que sus 5 000 m2 de superficie podían haber dado cabida a una gran multitud. Este conjunto monumental se prolonga por el sur en una terraza elevada que luego va descendiendo hasta la Aguada, donde se almacenaba el agua de lluvia. Al oeste de la Calzada se encuentra un conjunto de plazas (Grupo Oeste) que constituyó la zona habitacional; sobre sus numerosas plataformas se encontraban construcciones perecederas destinadas a alojar los talleres artesanales y las viviendas.

El recorrido por la Gran Calzada culmina en la plaza del Grupo Sur, donde se encuentran dos templos piramidales con escalinata central, y que en épocas antiguas acaso fue el sector destinado al culto religioso.

Al igual que ocurrió en Chilonché, la crisis de finales del Clásico provocó que muchas obras de remodelación quedaran inconclusas y que sus habitantes abandonaran la ciudad. Poco tiempo después nuevos pobladores, que seguramente venían huyendo en busca de refugio, encontraron en esos edificios un lugar idóneo para instalarse y depositar a sus difuntos prácticamente sobre la superficie, es decir, sin respetar los tradicionales rituales de enterramiento propios de la elite. Los entierros de entonces encontrados en la Acrópolis son testimonio de esos trágicos sucesos, así como de su esporádica reocupación en el Posclásico.

En las más recientes investigaciones realizadas en La Blanca, en 2011, se han utilizado las nuevas tecnologías de escáner láser tanto para la documentación de la arquitectura que ha aflorado a raíz de las intervenciones arqueológicas como, de una forma novedosa, para el seguimiento de la excavación, a partir de un método experimental que está arrojando excelentes resultados. Ejemplo de ello es la excavación de la Subestructura 6J2-Sub 2, un interesante edificio que se asienta sobre un basamento de paredes en talud en cuyo frente se esculpió un excepcional relieve, integrado por sillares labrados y estucados que conforman un mosaico. Protagoniza la escena un mascarón central, flanqueado por cabezas de serpiente de perfil, con las fauces abiertas; se trata aparentemente de una serpiente bicéfala cuyo cuerpo permanece oculto detrás del mascarón. Otros dos mascarones de perfil se tallaron en la parte inferior, junto con otros elementos iconográficos. Este relieve constituye una singular manifestación del arte maya, cuya composición y técnica de mosaico lo vincula con las portadas zoomorfas del centro y norte de Yucatán, al tiempo que su presencia en el cuerpo inferior del edificio lo relaciona con los mascarones esculpidos en los basamentos de los edificios piramidales, comunes en la región de Petén.

El amplio vano en el centro de la fachada oeste de esta subestructura fue clausurado con sillares reutilizados, al igual que el resto de las puertas que se abren en el cuerpo lateral sur de este edificio, tal como lo han revelado las investigaciones en que se combinan el empleo del escáner láser y la excavación arqueológica.

 

Tomado de Cristina Vidal Lorenzo y Gaspar Muñoz Cosme, “Chilonché y La Blanca. Arquitectura monumental en la cuenca del río Mopán”, Arqueología Mexicana núm. 137, pp. 60-67.

 

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