• miércoles, 18 de julio de 2018

La magia de la palabra en el Ritual de los bacabes

Patricia Martel Díaz-Cortés

Para los antiguos médicos mayas, la palabra estaba dotada de una extraordinaria fuerza mágica que permitía transformar la naturaleza divina en una realidad tangible. Una muestra de este lenguaje especializado para dialogar con las deidades se rescata en el Ritual de los bacabes, colección de textos curativos en maya yucateco.

 

El poder de la palabra maya

Para el pensamiento maya, u t_an (en la grafía colonial, y t'aan en maya moderno), “la palabra”, tuvo un significado profundo que rebasaba el concepto natural de “hablar” o “decir”, pues estaba dotada de una poderosa fuerza mágica y ritual. Y es que la vida diaria de los mayas era una constante coexistencia con los seres sobrenaturales, que “hechos de puro viento” deambulaban por caminos y descansaderos, o emergían de las cuevas de agua, o filtraban su ser invisible entre los tejidos de la ropa o las esteras, causando daño a los humanos. Ante la presencia de estos seres, la gente común celebraba ritos domésticos y empleaba la palabra en discursos petitorios para mantener la armonía con los seres sobrenaturales.

La comunicación con los dioses, tanto del ámbito celeste como del inframundo, era oficio de sacerdotes de alto rango en la sociedad maya. Si bien cada uno desempeñaba funciones especializadas, como las ele tipo ceremonial, que realizaba el ah kin o sacerdote del tiempo, o la del chilam, profeta de la voluntad divina, todos empleaban la palabra en un lenguaje especializado que les permitía comunicarse con los dioses. Entre estos especialistas, los médicos y terapeutas de lo sagrado se dedicaban a enfrentar la caprichosa ambivalencia de las deidades mayas: femeninas y masculinas a la vez, sombrías y luminosas, bienhechoras y perjudiciales. Un incumplimiento en los deberes sagrados o simplemente una invocación fuera de lugar o de tiempo era causa suficiente para atraer una fuerza divina al mundo de los hombres, desequilibrada por esa acción inoportuna. Tal desequilibrio se manifestaba en diversos padecimientos y enfermedades, campo de acción de los médicos sacerdotes, quienes enfrentaban estos desórdenes aplicando la fuerza mágica de la palabra aunada a un profundo conocimiento acerca del tiempo-espacio sagrado. Estos médicos especializados, conocidos genéricamente como ah menoob (en plural), “hombres sabios y hábiles en cualquier arte”, término con el que todavía se nombra a rezadores, frotadores, yerberos y otros especialistas de lo sagrado en las actuales comunidades mayas de la península, recibían el don de la palabra por aprendizaje, a través del sueño o bien por medio de una experiencia extática.

El ah-men antiguo recitaba, cantaba y también actuaba el sian payo discurso mágico-ritual para luchar contra las fuerzas en desequilibrio que provocaban un padecimiento o enfermedad. En este contexto, u t_an, “la palabra”, se convenía en un instrumento de comunicación muy complejo. en el núcleo de un lenguaje sagrado, que desprovisto de la pesada y tangible materia humana, fluía libremente a través de los  diversos umbrales que comunicaban el plano humano con el plano divino. Este lenguaje mágico, por lo tanto. era incomprensible para los legos, ya que estaba codificado mediante diversas técnicas que entretejían la forma con el contenido de un discurso. Por ejemplo. para darle forma, se empleaban patrones métricos y rítmicos que además facilitaban la memorización de las fórmulas rituales. Para dar contenido y función a estos versos se empleaban distintos recursos de codificación; se distorsionaba el sonido de una palabra, pronunciándola, por ejemplo, en voz muy baja o entre dientes, para alterar su significado. Además, se empleaban numerosas metáforas para referirse a las partes enfermas del cuerpo humano, así como para nombrar la enfermedad y sus síntomas contagiados de una excesiva fuerza divina.

La clave para aplicar este lenguaje esotérico la conocían sólo unos cuantos privilegiados, que sabían traspasar las 13 capas celestes o las nueve del inframundo para hablar con el dios en un mismo nivel jerárquico, tratándolo con actitud despectiva, cuestionándolo e incluso insultándolo para humillarlo. La palabra funcionaba mágicamente para transformar las condiciones del mundo divino contagiándolo de naturaleza humana. Con esta inversión de esencias, el médico-sacerdote atacaba las fiebres, la tos, las hemorragias, el vómito, doblegando finalmente a la enfermedad.

 

Patricia Martel Díaz-Cortés. Licenciada en letras españolas, con estudios de maestría en letras hispánicas y diploma de especialización en literaturas maya y náhuatl, Facultad de Filosofía y Letras, UNAM. Técnico Académico de apoyo a la investigación y coordinadora de Difusión en el Instituto de Investigaciones Antropológicas, UNAM.

 

Martel Díaz-Cortés, Patricia, “La magia de la palabra en el Ritual de los bacabes”, Arqueología Mexicana núm. 69, pp. 34-39.

 

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