La “matanza de tóxcatl”

Guilhem Olivier

 

Pedro de Alvarado, Eva y la serpiente. ¿Cuáles fueron las causas de la “matanza de tóxcatl”?

Seis meses después de la entrada de los castellanos y de sus aliados indígenas a la capital mexica (el 9 de noviembre de 1519), un ejército enviado por Diego Velázquez y encabezado por Pánfilo de Narváez desembarcó en San Juan de Ulúa para castigar la insubordinación de Hernán Cortés; dejando a Pedro de Alvarado a cargo de la capital mexica y de su rey cautivo con una guarnición de 120 o 150 soldados –más unos aliados tlaxcaltecas–, “el capitán” tuvo que salir de Tenochtitlan para combatir a Narváez.

Para precisar aún más el contexto difícil de este momento, poco antes, Cortés con algunos conquistadores destruyó los “ídolos” del Templo Mayor, lo cual provocó la ira de los mexicas. Motecuhzoma II pidió entonces a Cortés que abandonara su ciudad, petición a la cual accedió el conquistador –o más bien fingió aceptar–, pero solicitó tiempo para preparar su salida. De manera que con la llegada de Narváez los españoles se encontraban divididos e incluso cabía la posibilidad de que se mataran entre ellos. Sucedió entonces la “matanza de tóxcatl” la cual desencadenó en un primer momento la revuelta de los mexicas, y –después del regreso de Cortés y de sus tropas– la muerte de Motecuhzoma II y la huida de los españoles durante la Noche Triste. A más largo plazo, la matanza de la nobleza mexica suscitó la llegada de Cuitláhuac al poder y después la de Cuauhtémoc, así como el regreso de los conquistadores y de sus aliados a Tenochtitlan, y la toma de la capital después de un largo y mortífero sitio.

Para aquilatar la importancia de este trágico acontecimiento, es indispensable valorar las fuentes escritas en español y en náhuatl que nos transmiten informaciones muy diferentes entre sí, dependiendo de los orígenes e intereses de sus autores. A partir de ese conjunto de documentos se pueden plantear las siguientes preguntas: ¿aprovecharían los mexicas la ocasión para deshacerse de los intrusos y liberar a su soberano cautivo?, ¿o bien –en ausencia de un Cortés diplomático y calculador– el despiadado e impulsivo Alvarado (en palabras del historiador decimonónico José Fernando Ramírez, (1847, p. XIII) “perpetró el más temerario, más inútil y más execrable de los atentados que podía inventar el demonio de la crueldad y de la codicia”?

Imagen: Izquierda: La “matanza de tóxcatl” en el Templo Mayor, según el Códice Vaticano-latino 3738, f. 89r. Un sacerdote baja las escaleras del Templo Mayor (llenas de sangre), mientras otro yace despedazado a los pies de un español barbudo, quien lleva un escudo y una lanza. En la parte inferior aparece otro personaje muerto (¿un noble?), vistiendo una capa, con los ojos cerrados. Digitalización: Raíces. Derecha: Pedro de Alvarado –llamado Tonatiuh, “Sol”, por los mexicas– estuvo, en ausencia de Cortés, a cargo de los soldados españoles y de Motecuhzoma preso. Fue el actor principal de la tristemente famosa “matanza de tóxcatl”. Foto: Museo Nacional de Historia / INAH.

 

Guilhem Olivier. Investigador en el Instituto de Investigaciones Históricas de la UNAM. Autor de Tezcatlipoca. Burlas y metamorfosis de un dios azteca (2004) y de Cacería, sacrificio y poder en Mesoamérica. Tras las huellas de Mixcóatl (2015).

Olivier, Guilhem, “Pedro de Alvarado, Eva y la serpiente. ¿Cuáles fueron las causas de la “matanza de tóxcatl”?, Arqueología Mexicana, núm. 163, pp. 24-33.