• 24-ago-2019

Una nueva perspectiva de la antigua América (Parte II)

Esther Pasztory

Los arqueólogos, a partir de la década de 1960, investigaron el sitio completo de Teotihuacan, encontraron sus “límites” y descubrieron que alrededor de los colosales edificios públicos hubo una ciudad densamente poblada. La población vivió en cerca de 2 000 conjuntos habitacionales hechos de piedra, que constaban de viviendas para grupos familiares alrededor de patios centrales (las estructuras previas tal vez no sobrevivieron porque se emplearon materiales perecederos, pero posiblemente fueron semejantes). Se estima que la ciudad en su momento de apogeo tuvo 100 000 habitantes. Muchos de los conjuntos de departamentos de alto rango estuvieron decorados con pinturas murales. Casi todos los pobladores de la Cuenca de México vivieron en esa enorme ciudad, incluso los campesinos que caminaban hacia sus parcelas, más allá de la periferia.

El misterio más grande de Teotihuacan es cómo estuvo organizado su gobierno y quiénes fueron sus constructores. Y además de esto, ¿por qué es tan grande y por qué duró tanto tiempo? Como se ignoraba quiénes la edificaron, durante mucho tiempo se consideró a los aztecas o a un pueblo semejante su constructor, pero ahora se sabe que antecedió 600 años a los aztecas. Hasta la década de 1990 se supuso que Teotihuacan fue regida por poderosos y carismáticos gobernantes y se les creyó semejantes a los faraones de Egipto, que podían ordenar a sus súbditos la edificación de obras gigantescas. Teotihuacan era el símbolo de un poder absoluto.

Los académicos creyeron que los gobernantes teotihuacanos estaban enterrados en las pirámides del Sol y la Luna, como faraones. Según las teorías antropológicas del siglo XX , las monarquías absolutas se desarrollaron a partir de sociedades tribales más igualitarias, con un jefe. Ahora que sabemos que las pirámides de Egipto no fueron construidas por esclavos sino por el “pueblo” egipcio, alimentado y hospedado a expensas del Estado, que trabajaba en temporadas no agrícolas, es más fácil suponer que, de manera semejante, Teotihuacan también fue construido en circunstancias menos coercitivas. Como hasta hace poco las pirámides del Sol y la Luna sólo se habían excavado parcialmente, no había prueba alguna de que Teotihuacan hubiese tenido gobernantes poderosos; se trataba solamente de un supuesto.

Cuando trabajé con los murales durante las décadas de 1980 y 1990, no vi nada relacionado con la realeza, ni siquiera aristocrático en ellas ni en las cosas o imágenes de Teotihuacan. Había poca escultura, de cualquier tipo, que no estuviera integrada a la arquitectura. Había figuras muy simples de piedra verde y máscaras que tal vez hayan sido adornadas con tela y plumas. Las pinturas murales eran conjuntos complejos de símbolos, basados en animales reales y míticos, que las más de las veces reflejaban escenas plácidas. Predominaban las máscaras o rostros que semejaban máscaras… Las figuras humanas portando complejos atuendos frecuentemente llevaban la misma pintura, rara vez estaban individualizadas mediante glifos… El estilo, sobre cualquier cosa, era convencional y abstracto. Con base en esto, y en los 2 000 conjuntos habitacionales muy bien construidos, me pareció que Teotihuacan o bien tuvo una ideología colectiva, o bien un verdadero gobierno colectivo con cierta participación popular, lo que ahora llamaríamos una “república” (Esther Pasztory, Teotihuacan: An Experiment in Living , Oklahoma University Press, 1997). Como la sabiduría popular asocia la república casi siempre con Grecia y Roma, en el Viejo Mundo la idea de un gobierno colectivo en la antigua América fue firmemente objetada.

 

Esther Pasztory. Profesora emérita de la Universidad de Columbia.

Pasztory, Esther, “Una nueva perspectiva de la antigua América”, Arqueología Mexicana, núm. 157, pp. 78-83.

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