Los procesos sociales relacionados con la explotación, talla y distribución del instrumental de obsidiana en el Posclásico Tardío, en el centro de Mesoamérica, alcanzaron prácticamente todos los ámbitos de las sociedades prehispánicas.
Las culturas prehispánicas en el Posclásico Tardío (1200-1521 d.C.) clasificaron y aprovecharon la variedad de los tipos de obsidiana para la elaboración de diversos tipos de instrumentos, armas, artefactos mágico-religiosos, objetos de vestimenta y de estatus, con diferentes técnicas de talla y de pulido. Como ejemplo, se registraron las siguientes categorías de obsidiana: toltecaliztli: obsidiana de los maestros, obsidiana verde-azul, incluye distintos grados de transparencia, brillo y tonalidades doradas; es característica del yacimiento de la Sierra de las Navajas, Hidalgo. Una posible variedad de este tipo es Itztlacozauhcan, “lugar de la obsidiana dorada o del cristal amarillo” (Acuña 1985, p. 313), puede referirse a la diversidad de obsidiana verde-dorada. Itzcuinnitztli: obsidiana jaspeada, comprende los colores amarillo, café y rojo principalmente, corresponde a la obsidiana conocida como “meca” o manchada. Se encuentra en la mayoría de los yacimientos en proporciones menores.
El suministro de la obsidiana para satisfacer la demanda del imperio militar de la Triple Alianza se realizó principalmente a partir de la explotación de los yacimientos de Otumba, que es de color gris-negra con algunos tonos plateados, y de la exclusiva obsidiana de color verde y sus variedades doradas de la Sierra de las Navajas. Ambos tipos de obsidiana son de buena calidad vítrea, pero la de Otumba se puede confundir con la obsidiana procedente de otros yacimientos por la coloración gris-negra, que es relativamente común por su origen geológico; en contraste, la obsidiana verde y sus variedades bandeadas y doradas son únicas, hasta donde sabemos, por lo que se convirtió en un material representativo y exclusivo de la Triple Alianza. Cabe aclarar que ambos yacimientos, antes de la formación de la Triple Alianza, ya pertenecían al territorio de Texcoco y fueron explotados anteriormente por las sociedades más poderosas del Centro de México, como lo fueron las culturas tolteca y teotihuacana.
El yacimiento de Otumba, que se ubica a 18 km aproximadamente al este de la ciudad de Teotihuacan, fue explotado por medio de recolección de bloques y nódulos, por minería a “cielo abierto” y en menor medida por minería de poca profundidad. Desafortunadamente, el yacimiento de Otumba y otros cercanos no se han estudiado intensivamente.
Por fortuna, las excavaciones en algunos barrios de la ciudad (Charlton et al., 1991) registraron talleres de figurillas de cerámica y talleres de elaboración de instrumentos y de objetos pulidos, como cuentas “cabeza de pato”, bezotes y orejeras de obsidiana negra del yacimiento local, y en mayor proporción de obsidiana verde que se transportaba desde la Sierra de las Navajas, al parecer como materia prima principalmente y como preformas; este tipo de productos se intercambiaban, localmente, en los mercados de la Cuenca de México y por los comerciantes pochtecas a otras regiones de Mesoamérica.
En el caso de la obsidiana verde de la Sierra de las Navajas, situada a 80 km de Tenochtitlan, fue necesaria la extracción a “cielo cerrado” por numerosas obras mineras que llegaron a penetrar al menos los 60 m de profundidad, en una capa volcánica formada por bloques de obsidiana, de riolita y de pómez, empotrados en ceniza volcánica, en la que el vidrio no se presenta como derrames o flujos, como en la mayoría de los yacimientos.
Aquí se encuentra como bloques fracturados de diversos tamaños y ubicados a diferentes profundidades en forma discontinua, por lo que fue necesaria una fuerte inversión de trabajo especializado para encontrar y extraer los bloques, nódulos y lajas de formas y dimensiones de la calidad adecuada para su aprovechamiento. También se realizó la explotación a cielo abierto y por recolección, pero de forma reducida.
Alejandro Pastrana. Doctor en arqueología. Investigador de la Dirección de Estudios Arqueológicos, INAH. Ha desarrollado estudios sobre minería, procesos de talla y distribución de obsidiana en Mesoamérica.
Tomado de Alejandro Pastrana, “la distribución de la obsidiana en el centro de Mesoamérica”, Arqueología Mexicana, núm. 198, pp. 26-35.

