Si bien se obtiene información muy valiosa sobre los grupos mesoamericanos a partir del estudio de su corpus escultórico, hay muchas piezas descontextualizadas cuyo significado y función dentro del contexto de su elaboración aún son desconocidos.
Tal es el caso del llamado Altar de Itzpapálotl, una escultura proveniente del Centro de México, elaborada en el Posclásico Tardío (1250-1521 d.C.), objeto de esta nota, y que actualmente se exhibe en la Sala Mexica del Museo Nacional de Antropología.
Itzpapálotl, mariposa de obsidiana Itzpapálotl o “mariposa de obsidiana”, con quien se identifica la iconografía de esta escultura, fue una deidad del panteón nahua relacionada con los ámbitos creacional, terrestre y nocturno, con el inframundo, los grupos chichimecas, la caza, el sacrificio y la guerra. Según Hoffmann (1931, p. 423), se le asoció con la mariposa nocturna Rothschildia orizaba, que recibe el nombre común de “mariposa cuatro espejos”. Tal identificación respondió a las puntas triangulares de tono grisáceo en las alas de este insecto parecidas a la obsidiana y a la comparación de su vuelo con una llama.
Con base en Olivier (2004, pp. 95-97), su representación abarcó la escultura, los códices, además de algunas fuentes escritas y datos etnográficos recientes. Generalmente aparece como una diosa descarnada, con atributos de cazadora, guerrera y víctima sacrificial, ataviada con elementos de mariposa, de águila, falda elaborada, alas con cuchillos, algunas joyas y garras.
Sobre el lugar de origen del Altar de Itzpapálotl y su llegada al Museo Nacional de Antropología, en la Ciudad de México, sólo hay datos aislados que permiten establecer un itinerario tentativo. Como han expuesto varios autores, tras la conquista, la mayoría de manifestaciones escultóricas de los grupos mesoamericanos fueron destruidas, pero otras se conservaron ocultas o fueron empleadas por los peninsulares en diversas construcciones.
Éste sería el caso del Altar de Itzpapálotl pues, de acuerdo con Beutelspacher (1989, p. 50), en el periodo novohispano el bloque se reutilizó como el centro de una fuente, aunque no indica su ubicación. Más tarde, a mediados o finales del siglo XVIII, algunos objetos prehispánicos fueron vistos por la elite novohispana como elementos decorativos exóticos, y fue más visible su presencia. Con la revaloración de estos objetos como antigüedades, se formaron colecciones particulares o públicas.
Beidi Merari Hernández Celis. Historiadora de la Universidad Autónoma del Estado de México. Maestra en Historia por El Colegio Mexiquense. Candidata al doctorado en historia por la Facultad de Humanidades de la Universidad Autónoma del Estado de México. Elabora una tesis sobre la descripción de las deidades en los Primeros memoriales de fray Bernardino de Sahagún.
Xavier Noguez. Licenciado y maestro en Historia por la UNAM. Doctor en Estudios Latinoamericanos por la Universidad de Tulane. Profesor-investigador de El Colegio Mexiquense. Sus áreas de investigación son los códices del Centro de México y los orígenes de la tradición guadalupana. Pertenece al Sistema Nacional de Investigadores.
Tomado de Beidi Merari Hernández Celis y Xavier Noguez, “El Altar de Itzpapálotl del Museo Nacional de Antropología”, Arqueología Mexicana, núm. 196, pp. 18-21.





