• viernes, 16 de noviembre de 2018

Arquitectura maya

George F. Andrews

Las tierras bajas mayas fueron escenario de una de las más grandes civilizaciones, la cual se desarrolló durante el primer milenio de nuestra era. Los mayas aprovecharon el rico acervo cultural heredado de los pueblos mesoamericanos anteriores; muchos de los rasgos de la cultura clásica maya se remontan hasta los olmecas, quienes erigieron enormes pirámides y monumentos de piedra labrada en el sur de Veracruz mil años antes del apogeo de la civilización maya. Lo iniciado por los olmecas de manera poco sofisticada alcanzó un alto grado de complejidad y refinamiento entre los mayas, quienes reflejaron en su arte y arquitectura una cosmología compleja y variada. Además de sus creaciones artísticas, los mayas son notables por otros logros intelectuales; mucho se ha hablado de su intrincado sistema de numeración vigesimal, paralelo a la escritura jeroglífica, la cual les permitió expresar ideas abstractas. También midieron exactamente el año solar, tuvieron calendarios rituales y solares, predijeron los eclipses lunares y conocieron la rotación de Venus. Paradójicamente, esta cultura prestó poca atención a problemas más prácticos, como el uso de la rueda.

Los mayas ocuparon todo el territorio de la Península de Yucatán, así como regiones adyacentes en México y partes de Guatemala, Belice y Honduras. Sólo en el área de las tierras bajas se han localizado seis mil sitios arqueológicos y continuamente se descubren otros. El gran territorio maya se divide en tres sub áreas en razón de su topografía: las planicies del norte, la zona central y la del sur. Las tres regiones muestran marcadas diferencias de precipitación pluvial, recursos acuáticos, vegetación, elevación y recursos naturales. Casi todo nuestro conocimiento de la cultura maya deriva de los datos arduamente recopilados en los asentamientos mejor conservados: 250 o 300, que contienen miles de estructuras construidas con piedra, de diversos tamaños y características. Entre éstos, sólo 15 o 17 pueden considerarse grandes centros urbanos; los demás son ciudades pequeñas, aldeas o caseríos. En las últimas décadas se ha explorado y confeccionado mapas de sitios arqueológicos de las diferentes regiones; proyectos arqueológicos multidisciplinarios nos permiten conocer mejor la arquitectura maya, así como la vida en estos asentamientos.

La cronología maya cubre un periodo de tres mil años. Para su estudio y análisis, se divide en tres grandes periodos: Preclásico, Clásico y Posclásico. La mayoría de los sitios arqueológicos visitables hoy en día pertenecen a los periodos Clásico Tardío y Clásico Terminal (600-1000 d.C.), épocas durante las cuales la construcción alcanzó su apogeo. Los edificios más tempranos fueron derribados o cubiertos por otras construcciones de estos periodos; la arqueología del Posclásico se circunscribe a la zona costera oriental de Quintana Roo y casi toda fue destruida tras la conquista.

La mayor parte de los asentamientos de la región sur fueron abandonados antes del año 800 de nuestra era; lo mismo sucedió con los del área central doscientos años después. Sólo una parte de las planicies norteñas continuó su desarrollo tras el año 1000 y allí se conservaron vestigios de la civilización maya clásica hasta la llegada de los españoles, a principios del siglo XVI. Por qué sufrió un colapso tan rotundo una civilización tan avanzada y aparentemente en su apogeo, es todavía uno de los grandes enigmas sobre los mayas.

Arquitectura maya

La arquitectura, por definirla muy generalmente, se ocupa de dar un espacio formal a la actividad organizada de los hombres. El entorno natural debe organizarse de manera que corresponda a las múltiples necesidades humanas e impone dos condiciones necesarias para considerar un espacio arquitectónico: la primera es la conceptualización de ideas de orden y “lugar” adecuadas para separar las actividades humanas del ámbito natural; la segunda es la formulación de medios técnicos que permitan la expresión práctica de los conceptos de espacio postulados para crear un entorno útil y significativo.

Es evidente que la arquitectura maya -y por lo tanto el conjunto de asentamientos mayas en su totalidad- cumple ambas condiciones. Todos los edificios mayas, así como las subestructuras, están compuestos por un número de elementos discernibles cuyo ordenamiento al parecer depende de un conjunto de normas explícitas. El modelo constructivo consta de una base, un paramento inferior, otro superior y, a veces, una crestería. Cada uno de estos componentes se articula cuidadosamente a través de unas molduras salidas -en la base, la parte media y las cornisas-, las cuales dividen la fachada en una serie de franjas horizontales. Nada es fortuito en tal composición; los detalles son planeados previamente, así como la proporción de cada elemento -sea pared, vano o moldura- y  se han ajustado con cuidado para lograr un conjunto armónico. Tales son los elementos de la arquitectura “clásica”, con un orden riguroso, diseñado para deleite tanto de la vista como del intelecto.

El mismo sentido de unidad prevalece en todo el asentamiento, y a pesar de las alteraciones que a veces se producen debido a rasgos fortuitos de la topografía, siempre obedece a un presupuesto rectilíneo, lo cual refuerza la visión maya del cosmos como un universo de cuatro lados. La unidad entre los elementos dispares en el paisaje de las ciudades se logra, en parte, mediante la construcción de mampostería en piedra, sin importar la forma o la función de las estructuras; se repite también un conjunto limitado de motivos o símbolos decorativos en dichas estructuras.

La unidad básica de la planeación maya fue el patio rectilíneo, la plaza o la terraza, que colindaban en uno o más lados con los edificios de piedra. Esta forma básica se elaboró a lo largo de un milenio y culmina con la construcción de grandes ciudades como Copán, Tikal, Yaxchilán, Palenque, Becán, Santa Rosa Xtampak, Uxmal y Chichén Itzá, donde la construcción y planeación alcanzan su esplendor. En estos grandes asentamientos las estructuras y edificios de mampostería en piedra, de todos tipos, se cuentan por cientos; algunos se han reconstruido, de manera que muestren su grandeza original.

Los edificios restaurados, así como muchos otros, cuidadosamente documentados en su estado de destrucción y sólo restaurados en dibujos, permiten una visión adecuada de la arquitectura y planeación civil; también nos muestran cómo fue la vida en estos lugares si los interpretamos adecuadamente.

Los mayas construyeron gran cantidad de edificios y subestructuras: desde los muy reducidos, de un cuarto sobre plataformas bajas, hasta las estructuras muy grandes y elaboradas, de niveles múltiples, con veintenas de cuartos sobre amplias plataformas, elevadas pirámides escalonadas y pequeños templos, muchas de ellas con cresterías en las paredes frontales, traseras y centrales. Los cuartos son relativamente pequeños en todas las construcciones mayas, cubiertos de arcos y falsos arcos, que recuerdan la forma de una V invertida de los techos de paja, que seguramente son su antecedente más remoto. Rara vez encontramos edificios aislados y muchos forman parte de complejos muy ordenados, cuadrángulos, grupos de templos o conformaciones de acrópolis. Resulta casi imposible separar la arquitectura maya de la plástica, puesto que casi todas las grandes construcciones de piedra estuvieron decoradas con motivos labrados, pintados o de ambas clases. En el exterior, los paramentos inferiores, los superiores y las cresterías fueron la base para esculturas y frescos, los cuales cubrieron sus superficies con símbolos realistas o convencionales. Los interiores fueron menos profusos, pero tanto en paredes como en arcos encontramos ocasionalmente pinturas murales o relieves de yeso.

Algunas de las decoraciones externas fueron relieves en hueco, semejantes a las de estelas y altares. En algunas regiones fueron comunes los mosaicos de piedra labrada. En otras, el estuco modelado sobre armazones de piedra permite formas ricas y tridimensionales. Podemos afirmar que existe un doble propósito en la mayoría de las construcciones mayas: sirvieron como espacio para actividades humanas específicas y también mostraron, en la forma, acomodo y contenido simbólico de sus fachadas esculpidas, un importante mensaje cosmológico.

 

George F. Andrews. Arquitecto y profesor emérito de arquitectura de la Universidad de Oregon.

 

F. Andrews, George, “Arquitectura maya”, Arqueología Mexicana, núm. 11, pp. 4-12.

 

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