• 5-abr-2020

Coatlicue, imagen de consolidación del Estado mexica

María Teresa Uriarte

Sobre esta pieza escultórica monumental, localizada en el Museo Nacional de Antropología, se han escrito innumerables cuartillas. Se trata de la representación de la madre de Huitzilopochtli y está relacionada con los principios de origen y legitimación del poderío mexica. Coatlicue, la diosa que lleva falda de serpientes, madre milagrosa del Sol, la Luna y las estrellas, fue encontrada en un heráldico 13 de agosto, sólo que de 1790.

Según Justino Fernández, fue elaborada hacia 1454, aunque Esther Pasztory propone que se esculpió para la celebración del fuego nuevo de 1506. Esta última versión me parece más probable, puesto que correspondería al momento en que los mexicas, ya asentados en Tenochtitlan, utilizaron diversas obras de arte y arquitectura para transmitir mensajes de consolidación de su poder político.

Es una escultura masiva que ha sido estudiada por diversos autores, nacionales y extranjeros. Me parece que el primer gran análisis en el que se realza el mensaje de esta obra, no siempre evidente, es el de Justino Fernández, publicado por la UNAM en 1972.

Rasgos principales y simbolismo

Repasaré algunos de sus rasgos sobresalientes: en el lugar de la cabeza muestra dos serpientes preciosas, de turquesa (xíhuitl). Están enfrentadas y sus perfiles forman un frente, ya que unen sus fauces al centro y muestran una sola lengua bífida, que sale de la boca de feroces colmillos. En el cuello lleva un collar de manos y corazones que remata al centro con un cráneo, que cubre parcialmente sus senos flácidos. Sus manos han sido sustituidas por amenazantes cabezas de serpientes que se proyectan hacia el frente, listas a atacar. Los codos están a la altura de la cintura; en el lugar de las manos, los hombros y los codos se ven símbolos del monstruo de la tierra, en tanto que los pies son garras de ave.

A modo de cinturón lleva una serpiente bicéfala, cuyo cuerpo está formado con turquesas. El faldellín también está formado por cuerpos de serpientes con cascabeles en la cola. A cada lado, por debajo de esa prenda, se ven atados de plumas.

La parte posterior muestra las cabezas de serpientes preciosas, el collar, los hombros y el cinturón. Por debajo del faldellín, a cada lado, se ven unos atados de plumas. En esta parte, del cráneo y del cinturón bajan trenzas, tal vez de cuero, con plumas y plumones sobrepuestos.

Su cabeza de serpientes ve hacia el frente y hacia atrás, del mismo modo que los cráneos que lleva en las partes frontal y posterior. En la base del monolito se labró un relieve de Tláloc-Tlaltecuhtli, señor de la tierra y del agua telúrica.

Como lo señaló acertadamente Justino Fernández en 1972, Coatlicue contiene múltiples simbolismos; sin embargo, algunos de ellos han sido dejados de lado o no se les ha dado, desde mi punto de vista, la importancia que merecen.

En el mundo indígena de Mesoamérica, las turquesas se representaban mediante círculos concéntricos. El cuerpo de las serpientes de Coatlicue tiene las turquesas encerradas por la retícula que simula las escamas de ese animal. La palabra xíhuitl, además de “turquesa”, también significa “año” y “hierba”, por lo que las turquesas se asocian con el tiempo y la fertilidad. También se tiene un vínculo con el tiempo a través de la xiuhcóatl, la serpiente preciosa que es el arma de Huitzilopochtli y que además sirve como vehículo para el desplazamiento del Sol en su viaje por la bóveda celeste.

Coatlicue ve hacia adelante y hacia atrás; por lo tanto, lo conoce todo, lo sabe todo, el pasado y el futuro. Esto le confiere también un significado de sabiduría y de conocimiento. Quiero destacar que, entre algunos grupos indígenas del México actual, el futuro es lo que está atrás, porque no se conoce, en tanto que el pasado es lo que se mira al frente porque es lo ya conocido; por esta razón es también el eje del tiempo, el tiempo de hoy transcurre con referencia a lo que pasó y a lo que vendrá.

El eje del mundo

Las serpientes solares se contraponen con la Tierra; por ello tienen un doble simbolismo: unir a la diosa madre con la Tierra y, de este modo, convertirla en el eje de comunicación del cosmos, el axis mundi. La diosa madre del numen tutelar une lo terreno y lo divino. En la base se encuentra la Tierra, que contiene agua, y en la altura están las serpientes solares de turquesa. En Coatlicue, a partir de este eje, se representa la armonía de las fuerzas celestes y telúricas.

Como eje del mundo, es también la montaña, origen del género humano y a la vez el eje del devenir del tiempo; si bien sus serpientes solares se oponen a la Tierra en el diario transcurrir del viaje del Sol, también se une al tiempo de los antepasados, porque ve el futuro y el pasado y a la vez el tiempo fundacional, pues de ella nace el conductor que llevará a los mexicas al sitio sagrado del asentamiento dictado por la inspiración divina.

La complejidad simbólica de este monumento se explica históricamente porque, en el momento de su ejecución, cumplió el propósito de convertirse en un mensaje de poderío espiritual, en un instrumento de la poderosa élite mexica para manipular el tiempo y el espacio. Así, esta élite se consolidaba como legítima conductora de los destinos de los territorios dominados que habrían de configurar a México. La monumental Coatlicue es una escultura compleja; su múltiple simbolismo amalgama conceptos de tal profundidad esotérica, que sirvió de base ideológica para la consolidación del Estado mexica. Además de poseer un profundo sentido religioso, fue utilizada, junto con otros monumentos, como instrumento ideológico y político.

 

María Teresa Uriarte. Estudios de licenciatura, maestría y doctorado en la UNAM. Desde 1998 es directora del Instituto de Investigaciones Estéticas de la UNAM. Sus investigaciones sobre arte prehispánico se han editado en diversas publicaciones nacionales y extranjeras.

Uriarte, María Teresa, “Coatlicue imagen de consolidación del Estado mexica”, Arqueología Mexicana, núm. 55, pp. 68-69.

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