• viernes, 22 de junio de 2018

¿Había un mercado frente al palacio de Moctezuma?

Eduardo Matos Moctezuma

 

Sabemos de la importancia que tuvieron el mercado y el comercio en las sociedades prehispánicas de Mesoamérica. Una breve reflexión de lo que fueron estas instituciones, nos permitirá advertir su relevancia y funciones dentro de aquellas sociedades en las que la práctica del comercio interno contaba con la presencia de lugares establecidos para el acopio, intercambio y distribución de los diversos productos, ya de elaboración local, ya traídos desde remotas tierras. Para llevar a cabo el traslado de productos foráneos se habían establecido, desde tempranas épocas, rutas específicas que permitían el tráfico de estos bienes (Comercio y mercado, Arqueología Mexicana, núm. 122, 2013).

Algunos investigadores han pensado que en el caso de Teotihuacan, la enorme metrópoli contó con un mercado localizado a un lado de la Calle de los Muertos, frente a la Ciudadela: de ser así, hay que advertir que su ubicación se encuentra dentro del espacio sagrado de la urbe. Al parecer, esta tradición continuó en culturas posteriores como la mexica, y de esto comentaré en otra ocasión.

Pero vayamos al tema que hoy nos ocupa. Hay algunos datos que parecen indicar que frente al palacio de Moctezuma se encontraba el mercado de Tenochtitlan (Matos, 2012). Si bien Tlatelolco contaba con su propio mercado que tanto impactó a los peninsulares –ubicado en la parte posterior del Templo principal del lugar–, en Tenochtitlan su posible ubicación quedó en la plaza que se extendía al frente del palacio del tlatoani, al sur del gran recinto o plaza principal de la ciudad tenochca. En el plano mandado a hacer por Cortés y publicado en Nuremberg en 1524, este espacio ostenta la palabra “plaza” y en ella sólo se aprecian dos edificios. Algo importante que hay que señalar es que en la parte sur de esta plaza se encontraba la acequia o canal en la que circulaban canoas. Al ser el único espacio abierto, ya que a lo largo de esta acequia se encuentran casas, pareciera ser el lugar que menciona Cortés para el desembarco de materiales:

…en las partes donde descargan las canoas, que es donde viene la más cantidad de los mantenimientos que entran en la ciudad, hay chozas hechas, donde están personas por guardas y que reciben certum quid de cada cosa que entra. Esto no sé si lo lleva el señor o si es propio para la ciudad; porque hasta ahora no lo he alcanzado; pero creo que para el señor, porque en otros mercados de otras provincias se ha visto coger aquel derecho para el señor dellas. Hay en todos los mercados y lugares públicos de la dicha ciudad, todos los días, muchas personas trabajadores y maestros de todos oficios, esperando quien los alquile por sus jornales… (Cortés, s.f., pp. 205-206).

Diversos comentarios vienen al caso a raíz de lo dicho por el capitán español. En primer lugar, lo referente al traslado de productos hacia el mercado, lo que causaba una especie de impuesto. También la mención de varios mercados en Tenochtitlan, lo que no sería de extrañar, pues sería posible que cada barrio tuviera el suyo. Otro aspecto interesante es que en los mercados, además de las funciones propias que ya hemos citado, había trabajadores de diversos oficios que podían ser contratados. Ahora bien, quizá es fray Diego Durán quien nos ilustra más cuando señala que, en la época del mandato de Axayácatl, ciertos mancebos hijos de nobles “…saliendo un día al mercado que en la plaza de México se hacía…” (Durán, 1951, p. 256); con lo cual, a mi juicio, podría referirse a la plaza antes mencionada, pues es la única presente con las características necesarias para albergar a los vendedores y recibir las mercancías que se desembarcaban por el canal. Más aún, ya en plena colonia siguió funcionando como mercado tal como lo expresan autores como Francisco Cervantes de Salazar al señalar:

Hizose así tan amplia para que no sea preciso llevar a vender nada a otra parte; pues lo que para Roma eran los mercados de cerdos, legumbres y bueyes, y las plazas Livia, Julia, Aurelia y Cupedinis, ésta sola lo es para México. Aquí se celebran las ferias o mercados, se hacen las almonedas, y se encuentra toda clase de mercancías; aquí acuden los mercaderes de toda esta tierra con las suyas, y en fin, a esta plaza viene cuanto hay de mejor en España (Cervantes de Salazar, 2001, pp. 26-27).

Hay que resaltar que, aunque los datos que hemos visto no son concluyentes, permiten especular acerca de la ubicación del principal mercado de Tenochtitlan que, al igual que el de Tlatelolco, ocupaba un espacio cercano al Templo Mayor y al palacio del tlatoani. No hay que olvidar que la economía mexica se basaba, fundamentalmente, en lo que expresaban estos tres componentes: el templo, lugar de culto, donde los dioses principales –Tláloc y Huitzilopochtli- representaban, entre otras cosas, la producción agrícola y la guerra como medio de imponer un tributo; el palacio, sede de los poderes terrenales del tlatoani, y el mercado, lugar de intercambio de productos diversos; en suma, los tres ejes de la economía mexica y sede tanto de los poderes divinos como humanos.

 

Eduardo Matos Moctezuma. Maestro en ciencias antropológicas, especializado en arqueología. Fue director del Museo del Templo Mayor, INAH. Miembro de El Colegio Nacional. Profesor emérito del INAH.

 

Matos Moctezuma, Eduardo, “¿Había un mercado frente al palacio de Moctezuma?”, Arqueología Mexicana núm. 133, pp. 88-89.

 

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