La milpa como un paisaje de domesticación en Mesoamérica

Eduardo Corona M.

En la milpa se integran la calabaza, el maíz y el frijol, así como los chiles, los quelites y otras plantas. Aunado a éstos, se utilizan muchas otras especies asociadas como los agaves y los nopales, utilizados como cercas vivas, principalmente.

Otras plantas, como el tomate, la chía y las ciruelas, también forman parte de la milpa, además de hierbas adventicias que son altamente apreciadas, como las verdolagas y los quelites.

La evidencia arqueológica muestra que la región neotropical fue clave en el origen de la domesticación, y con la evidencia actual se han llegado a contabilizar cerca de 200 elementos bioculturales provenientes de la milpa. Se trata de un sistema que se diversifica y se adapta a diferentes rangos ecológicos con niveles altitudinales hasta los 3 000 msnm, en parte debido a la plasticidad fenotípica del maíz, la calabaza y el frijol.

Con la creación de la milpa se puede entender que era un sitio atractivo para otras especies animales, lo que facilitó la cacería en sus alrededores e incrementó los recursos alimentarios, como, por ejemplo, conejos, liebres, venados y diversas aves.

En la milpa, aunque menos explorado, se encuentra el mundo de los microorganismos. El caso más conocido son los rizobios, bacterias asociadas a las raíces de las leguminosas, donde se lleva a cabo la fijación de nitrógeno. Su interacción con las micorrizas es necesaria para la captura de fósforo. De esta forma, además de la domesticación de organismos sobre el suelo, también se lograron domesticar de manera no intencional toda una comunidad subterránea que permite el mejor funcionamiento de los suelos.

A la fecha algunos estudios, por ejemplo Pérez Ruiz (2013) y Casas y colaboradores (2016), señalan que se trata de más de 300 especies que son recursos bioculturales derivados de la milpa.

Se muestra aquí cómo muchas de las prácticas de la domesticación de la naturaleza están cambiando los conceptos clásicos, y que la megadiversidad biológica y la diversidad cultural que posee el país dan la pauta para reconocer que los microorganismos, los hongos y los invertebrados son grupos escasamente estudiados como sujetos de manejo y domesticación.

Para leer más...
Acosta Ochoa, G., y Corona M., E. (eds.), “Las chinampas de la Cuenca de México”, Arqueología Mexicana, núm. 184, 2024.
Casas, A., et al., “Origen de la domesticación y la agricultura: cómo y por qué”, en A. Casas, J. Torres-Guevara y F. Parra (eds.), Domesticación en el continente americano, vol. 1, UNAM/UNALM, México, 2016, pp. 189-224.
Corona M., E., et al., “La domesticación de especies y paisajes”, en D. Prieto Hernández y A. Castilleja González (coords), México: grandeza y diversidad, INAH/FCE/IEPSA/CONALITEG, México, 2021, pp. 78-98. https://repositorio.inah.gob.mx/o-5370
Manin, Aurélie, Erin Kennedy Thornton, Camilla F. Speller, Eduardo Corona M. (dir.), Exploring the history of turkey management and domestication. A transatlantic perspective, Muséum national d’Histoire naturelle, Inist-cnrs, 10, 2025.
Pérez Ruiz, M.L., “Efraím H. Xolocotzi. Contribuciones al estudio de las familias mayas milperas”, Etnobiología, 11 (3), 2013, pp. 14-27.

Eduardo Corona M. Doctor por la Universidad Autónoma de Madrid (España), profesor investigador del Centro INAH Morelos y presidente del Consejo de Paleontología. Miembro del SNII-SECIHTI. Investiga la biodiversidad del pasado y su relación con la bioculturalidad, y contribuye a los estudios paleontológicos y etnobiológicos en el Cuaternario, en particular en la domesticación animal en Mesoamérica.

Tomado de Eduardo Corona M., “La domesticación de organismos. Nuevos panoramas”, Arqueología Mexicana, núm. 199, pp. 36-39.