La historia del campo magnético de la Tierra (CMT) la podemos descifrar a través del arqueomagnetismo, cuando investigamos diversos materiales arqueológicos que fueron expuestos al fuego, estudiando las variaciones en la dirección y en la intensidad que experimentaron en el pasado. En particular, los elementos de utilidad que han sufrido una exposición a altas temperaturas son factibles de estudio, por ejemplo, arcillas cocidas, como son ladrillos, tejas, adobes, cerámicas, así como estructuras de combustión como hornos, fogones, tlecuiles, además de pisos y sedimentos quemados in situ. El principio del arqueomagnetismo se fundamenta, por un lado, en las particularidades del CMT, como la variación secular, y por otro, en las propiedades magnéticas de algunos minerales que se encuentran comúnmente en los elementos arriba mencionados, minerales que, bajo ciertas condiciones, pueden registrar la dirección y la intensidad del CMT en el pasado.
En la arqueología, los datos provenientes del registro magnético de los materiales y las construcciones expuestas al fuego nos permiten establecer cronologías, ya que el análisis de estas estructuras posibilita conocer la dirección e intensidad del campo magnético en el momento del enfriamiento, al compararse con una curva de variación secular de referencia, lo cual se convierte en un método eficiente de datación.
El arqueomagnetismo, además de estudiar las propiedades magnéticas, tiene otras aplicaciones muy útiles, como la reconstrucción de procesos de formación y enterramiento en yacimientos arqueológicos, la evaluación de procesos diagenéticos, así como la determinación de temperaturas de combustión, entre otras.
Actualmente, el mundo globalizado, la construcción urbana, así como la coexistencia de la población con los sitios arqueológicos, hace relevante estudiar los materiales desde todas las perspectivas posibles, para obtener información que permita la reconstrucción del pasado. Es así que la datación arqueomagnética resulta útil en la arqueología de salvamento y rescate, sobre todo cuando en los materiales recuperados no es posible utilizar otras técnicas de datación. En 2016, la unam inauguró el Servicio Arqueomagnético Nacional (SAN), el primer laboratorio de Latinoamérica en su tipo, especializado en la datación de material arqueológico, objetivo clave en la investigación de este departamento que cuenta con el potencial de apoyar significativamente a un mejor entendimiento y rescate de nuestra herencia cultural e histórica.
Desde entonces, el SAN ha contribuido enormemente en los análisis cronológicos de diversos proyectos generados en nuestro país, y la zona arqueológica de Monte Albán y el conjunto monumental de Atzompa son dos de los sitios importantes en los cuales se ha contado con colaboraciones que han permitido fechar relevantes hallazgos arqueológicos, que se detallan en este artículo.

Avto Gogichaishvilli. Licenciado en física por la Universidad Estatal de Tbilisi (República de Georgia). Maestro y doctor en geofísica con especialidad en geomagnetismo por la Universidad de Montpellier, Francia. Investigador del Instituto de Geofísica, campus Morelia, de la UNAM, y responsable del recién creado Servicio Arqueomagnético Nacional.
Soledad Ortíz. Doctora en estudios mesoamericanos por la UNAM, maestra en arqueología por el Colmich y licenciada en arqueología por la UADY. Medalla Alfonso Caso 2019 a la mejor tesis de doctorado. Especialista en pirotecnología, arqueología experimental y etno-arqueometría. Investigadora en el Instituto de Investigaciones Antropológicas de la UNAM.
Yazmín Janet Martínez Martínez. Pasante en arqueología por la ENAH UABJO. Colaboradora del "Proyecto arqueológico del conjunto monumental de Atzompa".
Miguel Ángel Galván Benítez. Pasante en arqueología por la UABJO. Colaborador del "Proyecto arqueológico del conjunto monumental de Atzompa".
Tomado de Soledad Ortiz et al., “Arqueomagnetismo en la secuencia cultural de Monte Albán-Atzompa”, Arqueología Mexicana, núm. 194, pp. 66-71.


