• 18-sep-2020

Teotihuacan

María del Carmen Solanes, Enrique Vela

En muchos sentidos, Teotihuacan es un sitio único. No sólo fue una de las mayores aglomeraciones urbanas que conoció el México antiguo, sino que, en su tiempo, llegó a ser la sexta ciudad más grande del mundo, sólo detrás de lugares como Constantinopla y Alejandría. Unas cuantas cifras dan cuenta de las dimensiones y la complejidad que hicieron de este asentamiento el más importante e influyente de su época, que lo convirtieron en una urbe cuya presencia se deja sentir prácticamente por toda la Mesoamérica del Clásico, y cuyo prestigio trascendió hasta siglos posteriores a su caída. En su apogeo, entre 350 y 550 d.C., Teotihuacan tenía una población de cerca de 100 000 habitantes. Para ese entonces el área urbana alcanzaba 20 km cuadradosy contaba con cerca de 2 000 conjuntos de departamentos –en cada uno de los cuales vivían entre 20 y 100 individuos– de distintos tamaños, de acuerdo con la posición social de sus ocupantes.

Aunque en el valle de Teotihuacan existió durante el Posclásico una considerable población, para entonces la gran ciudad del Clásico había sido abandonada y si bien sus grandes monumentos se encontraban cubiertos aún constituían motivo de admiración por sus dimensiones y no habían caído en el olvido. A esto contribuía, sin duda, el prestigio que acumuló durante los cerca de ocho siglos en que fue la principal urbe mesoamericana. Los pueblos que le sucedieron sumaron a esa percepción de urbe poderosa e influyente una aureola de sitio mítico, de escenario de eventos fundadores. Las impresionantes dimensiones de los vestigios dieron lugar a la creencia de que la construcción de las pirámides había sido obra de los dioses o de gigantes; la huella de su grandeza en la memoria de los pueblos del Posclásico hizo que se le considerara el lugar en el que los dioses habían creado nada menos que el Quinto Sol, la última de las eras por las que había pasado la humanidad.

 

María del Carmen Solanes. Arqueóloga, Investigadora de la Dirección de Registro Público de Monumentos y Zonas Arqueológicos e Históricos del INAH. Colaboradora del “Proyecto Copilco: Un sitio arqueológico del Pedregal de San Ángel”.

Enrique Vela. Arqueólogo por la ENAH, editor, desde hace 30 años trabaja en el ramo editorial. Editor de la revista Arqueología Mexicana.

Solanes, María del Carmen y Enrique Vela, “Teotihuacan”, Arqueología Mexicana, edición especial, núm. 28, pp. 6-13.

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