• 28-may-2020

Una mulata sacrificada

Enrique Martínez Vargas, Ana María Jarquín Pacheco

En la Plaza Superior Sur de la Zona Arqueológica de Tecoaque, Tlaxcala, se detectaron, entre los vestigios de una hoguera, bajo una capa de tierra e inmersos en una cantidad considerable de ceniza fina y carbón, varios grupos de entierros.

Entre los vestigios de la hoguera se encontraron varios objetos metálicos de manufactura europea: un anillo, clavos, un silbato con el rostro de un negro y ganchos. Los restos óseos fueron dispuestos en varios grupos, formados por indígenas, mediterráneos y negros, los cuales fueron identificados a partir del estudio realizado por el Dr. Carlos Serrano Sánchez (IIA, UNAM).

Entierro 30

Es un entierro formado por un conjunto de huesos humanos entre los que destacan personas con rasgos de la raza negra, que en calidad de ofrenda acompañaban a un individuo que fue definido como entierro 30-M.

Entierro 30-N. Como se señaló, el entierro 30-N forma parte del entierro múltiple 30 y corresponde a un cráneo humano de un adulto joven de sexo femenino, con una edad aproximada de 23 años. Ciertos rasgos morfológicos, como el tamaño de su abertura nasal y el perfil chato, permitieron establecer inicialmente que correspondía a una persona de raza negra. Durante la limpieza del cráneo se observó evidencia de exposición al calor y cortes en diferentes lugares, y se concluyó que correspondía a una persona sacrificada y luego descarnada.

Estudios en laboratorio del entierro 30-N. Los estudios del cráneo fueron efectuados por la antropóloga física Lilia Escorcia Hernández, del Laboratorio de Antropología Forense del iia, unam. Con el análisis se buscaba determinar las características faciales del individuo. El procedimiento metodológico se realizó con base en las diez propuestas tradicionales de individualización antropológico-forense, por medio de técnicas multifactoriales (morfoscópicas y métricas).

El cráneo se encontraba en buen estado de conservación y representaba un 9.5 % del material óseo. Como ya se dijo, se trata de un individuo de origen biológico mestizo con rasgos mongoloides-negroides, predominantemente mongoloides, de sexo femenino, con edad media de 23 años. Sus inserciones musculares están ligeramente marcadas en la región occipital, lo que indica que el cráneo corresponde a una persona joven, que no desempeñó tareas que requirieran el uso del cuello y cabeza durante un tiempo prolongado. Las marcas y huellas de corte perimortem en la región facial, especialmente en la región de la nariz, sustentan la hipótesis de un cocimiento previo del cráneo para desprender el tejido blando.

Al tomar radiografías del cráneo se observó la presencia de una espina, probablemente de maguey, incrustada en la regional etmoidal, que posiblemente fracturó los nasales al ser incrustada con fuerza. En general los resultados de los estudios especializados efectuados en el Laboratorio de Antropología Forense del IIA, UNAM, permiten confirmar la identidad racial de la persona a la que correspondía el cráneo localizado junto con otros cráneos y huesos humanos en la Plaza Superior Sur. El estudio también confirmó la hipótesis del sacrificio y descarnamiento de las personas inhumadas en esa plaza.

La determinación de las características faciales se realizó con base en varios procedimientos

La determinación de las características faciales se realizó con base en varios procedimientos; inicialmente se definió el espesor del tejido blando de la cara, utilizando como referente a poblaciones de negros y africano-mestizos. Se estableció que es probable que el predominio de la expresión fenotípica de los rasgos negroides se deba a herencia paterna, pues de acuerdo con los hechos históricos en la época del contacto era más probable la mezcla de un negro esclavo con una indígena del Nuevo Mundo, tal vez tahina en este caso, habitante de alguna de las islas del Caribe, probablemente Cuba.

 

Enrique Martínez Vargas. Arqueólogo por la ENAH, con maestría y doctorado en estudios mesoamericanos por la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM. Ha realizado investigaciones en diversas regiones de Mesoamérica. Dirige el Proyecto Especial Tecoaque, Tlaxcala.

Ana María Jarquín Pacheco. Arqueóloga por la ENAH, con maestría y doctorado en estudios mesoamericanos por la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM. Dirige el Proyecto La Campana, Colima, y colabora en el Proyecto Especial Tecoaque.

Martínez Vargas, Enrique, Ana María Jarquín Pacheco, “El sacrificio de negros al inicio de la conquista de México”, Arqueología Mexicana, núm. 119, pp. 28-35.

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