• 13-ago-2020

Armas y guerra en Mesoamérica

Ross Hassig

La guerra en la antigua Mesoamérica

Las armas

Los conflictos pueden pelearse con simples herramientas, que así adquieren un carácter bélico, aunque el primer indicio claro de guerra más compleja es la aparición de armas cuyo único propósito es destruir al enemigo. Un milenio antes de nuestra era, los olmecas ya habían desarrollado mazos, a los que añadían lanzas, parecidas a las jabalinas. Luego vinieron las hondas, hacia 900 a.C., que permitían atacar desde distancias mayores. Pero la aparición de nuevas armas siempre conlleva innovaciones defensivas, y viceversa. Para 400 a.C. ya se usaban grandes escudos rectangulares que acompañados por las lanzas contenían eficazmente el impacto de los mazos y las hondas.

La siguiente innovación fue el uso en Teotihuacan de escudos más pequeños, que se usaron en el antebrazo y permitían a los lanceros mayor movilidad. Los lanceros iban acompañados de otros soldados, con escudos rectangulares más grandes, quienes blandían sus átlatl o lanzadardos, lo cual sugiere que eran unidades especializadas que se apoyaban mutuamente, organización que requería de un mayor número de fuerzas.

Al hacerse necesaria una defensa contra las armas punzantes, hacia 100 d.C. aparecieron los cascos de algodón acolchado, y para 400 d.C. ya había armaduras completas de algodón. No en todas partes se usó esta armadura, tal vez por su alto costo, y porque en muchos lugares se luchaba aún con lanzas. En el área maya también éstas cambiaron: se aumentó la superficie cortante de las lanzas más pequeñas, insertando navajas, con lo cual se convirtieron en armas que se empuñaban. En la zona maya las armas siempre fueron más variadas que en el Altiplano Central.

Con la decadencia de Teotihuacan desapareció su armamento, para resurgir, modificado, entre los toltecas. Éstos, de manera más acorde a su estilo de combate con mayor movilidad, protegían el brazo y el hombro derecho con algodón acolchado, que era una protección más económica y ligera, y lo complementaban con escudos en el antebrazo. Añadieron navajas a sus mazos curvos y los transformaron en una especie de espadas cortas, que usaban junto con los átlatl, mientras avanzaban; más tarde los cambiaron por espadas para el combate cuerpo a cuerpo, lo cual redujo a la mitad el armamento utilizado por los teotihuacanos.

Después de los toltecas ya no vemos semejantes armas, tal vez porque desde el norte se introdujeron al Centro de México los arcos, hacia 1100 d.C. Los arcos y flechas aventajaban a las hondas, y pronto aparecieron y dominaron los campos de batalla nuevas armas: anchas espadas de madera y las lanzas parecidas a las alabardas, todas con navajas de obsidiana en ambos bordes. Estas armas, más mortíferas, eran complementadas con escudos y chalecos de algodón acolchado, que protegían el tronco y además permitían gran movilidad.

  En la historia mesoamericana pueden encontrarse unos cuantos tipos de armas. Los proyectiles siempre fueron importantes, pero conforme se utilizaron armas de mayor alcance, los átlatl, de corto alcance, se usaron para funciones más restringidas y fueron descartadas las jabalinas. Las armas de impacto, como mazos y hachas, se volvieron menos efectivas al aparecer las armaduras y fueron remplazadas por armas de mano más largas y ligeras, cuya función era cortar, más que golpear.

Sin embargo, las armas más sofisticadas no fueron adoptadas por todos. Las armaduras de algodón eran muy caras y sólo las empleaban los imperios, que proveían de armas y armaduras a sus combatientes. No se trata de mera generosidad: los equipos uniformes reflejaban un entrenamiento centralizado, un énfasis en el combate mediante unidades y una estructura de mando formal –todo lo cual se reflejó en una milicia mucho más eficiente.

Imagen: Ah Nik (vasallo de Butz’ - Ch’akuy, gobernante del sitio Mam) es sometido por  al señor Itzam - Bahlam (Itzamnaaj B’alam) de Yaxchilán, quien lleva una lanza y escudio flexible. Cultura maya. Dintel 45, Casa M, Edificio 44. Zona arqueológica de Yaxchilán, Chiapas. Foto: Michael Calderwood / Raíces.

 

Ross Hassig. Doctor por la Universidad de Stanford. Se ha especializado en la etnohistoria de México, principalmente sobre los aztecas.

Hassig, Ross, “La guerra en la antigua Mesoamérica”, Arqueología Mexicana, núm. 84, pp. 32-40.

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