• 11-nov-2019

Comunicación con los muertos en la Tumba 7 de Monte Albán, Oaxaca

Maarten Jansen

Creemos que la señora 4 Conejo “Quetzal” ocupó la Tumba 7 como un santuario subterráneo para el culto a sus ancestros (en forma de envoltorios sagrados). Es probable que la Tumba 7 más tarde se convirtiera en un sitio de conmemoración, veneración y consulta del envoltorio de la señora 4 Conejo “Quetzal” (Esqueleto A, como lo llamó Alfonso Caso, primer investigador de la Tumba 7).

Comunicacion con los muertos

Uno de los hallazgos más impresionantes de la Tumba 7 es un objeto de oro en forma de una cabeza humana con hombros: el adorno (“pectoral”) de oro, designado con el número 26. La forma es típica y tiene sus paralelos en los objetos de metal de Centroamérica. El artefacto se halló en la antecámara, cerca del paso entre ambas cámaras, como ofrenda ante la cámara principal de la tumba.

Lo precioso del penacho (con sus motivos de plumas de quetzal y rosetones de jade), la presencia de orejeras en forma de finas cabezas de serpientes, la nariguera en forma de varita de jade y un collar con cuentas o cascabeles, que muestra en el centro un ave que cae, sugieren que se trata de un personaje de la nobleza o familia real.

La cinta que sostiene el penacho está decorada con un motivo de grecas que en lengua mixteca se lee ñuu, “pueblo”, lo que sugiere que se trata de un tocado propio de la familia real.

El hombre tiene la mandíbula descarnada... En los códices de ñuu savi la mandíbula descarnada caracteriza a un sacerdote que realiza un autosacrificio ante un envoltorio sagrado. También es un atributo de los sacerdotes de la señora 9 Hierba, Dueña del Templo de la Muerte, el panteón de los reyes mixtecos (en una cueva situada en el antiguo reino de Ñuu Ndaya, Chalcatongo). Probablemente la mandíbula descarnada señala el acto de comunicarse con los ancestros y los difuntos en general.

El pectoral o adorno número 26 representaría entonces a un sacerdote que está identificado con la serpiente emplumada y que está invocando a los envoltorios sagrados, es decir, a los ancestros (bajo la protección de la señora 9 Hierba). Es probable que tales actos rituales efectivamente se llevaron a cabo en la Tumba 7. De hecho, se han localizado cinco mandíbulas cerca de este artefacto de oro en la antecámara de la Tumba 7, que contienen huellas (perforaciones) de haber sido utilizadas como máscaras bucales.

Maarten Jansen. Doctor en letras. Profesor de “Patrimonio de los pueblos indígenas”, Universidad de Leiden, Países Bajos, y coordinador del proyecto “Time in Intercultural Context: the Indigenous Calendars of Mexico and Guatemala” del European Research Council.

 

Jansen, Maarten, “El oro en la Tumba 7 de Monte Albán. Contexto y significado”, Arqueología Mexicana, núm. 144, pp. 51-57.

 

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