• 14-oct-2019

Dioses y naturaleza

Ana María L. Velasco Lozano

 

Para el hombre prehispánico había seres y fuerzas antropomorfas que representaban gran parte de los fenómenos naturales, los cuales adquirían un carácter divino. Entre estos seres divinos estaba el "hacedor y dador de todas las cosas y de todos los bienes". Su nombre era Ometéotl ( dios dual), “quien todo lo conjugaba". En conjunto, a ésta y a otras deidades, como Tezcatlipoca, Tonatiuh, Quetzalcóatl, y a las asociadas con la fertilidad y los mantenimientos, se les daba el nombre de ipalnemouani, empleado para designar a las deidades a las que el hombre debía directamente su supervivencia, sobre todo a las que satisfacían sus necesidades más apremiantes: sustento, reproducción y salud.

Aquí sólo hablaremos de los dioses por "los que el hombre vive", asociados a la vegetación, la fertilidad, la salud y los mantenimientos, y no de los creadores del universo.

Los dioses generadores de vida tenían diferentes representaciones complementarias y opuestas (femeninas o masculinas, como Tláloc-Chalchiuhtlicue); algunas veces estaban integrados (Cintéotl) o separados (Xilonen, Chicomecóatl) y desdoblados en otras (los tlaloque). Satisfacían un poco a regañadientes las necesidades humanas. Muchos eran portadores de conocimientos relacionados con el origen y fertilidad del hombre, las plantas y los animales, la propagación de los alimentos, el uso de determinado lenguaje, la salud y la enfermedad. Algunos adquirían la categoría de dioses patronos, pues eran poseedores de conocimientos productivos que transmitían al hombre, y eran protectores de determinados pueblos, etnias o gremios (calpullis) de trabajadores especializados.

Estas deidades habitaban en un espacio exclusivo e inaccesible, como Tlalocan, Xochitlalpan, Atlayayahuican, Tamoanchan, donde todo era exuberante y había agua, hierbas, aves, flores, insectos y sustento en abundancia. De allí surgían o se reciclaban las plantas, los animales y el hombre mismo.

 

Tláloc

Era señor del Tlalocan, donde "todo el tiempo hay frescor, todo el tiempo hay brote de hojas, en todo el tiempo es primavera, hay perpetua primavera"; donde las flores y los árboles floridos están de pie; “es el lugar donde el agua corre abajo y la niebla flota arriba: Atlayayahuican"; donde los pájaros de luz y llama (guerreros convertidos en rojas aves preciosas que acompañan al Sol) andan en torno a los árboles floridos; donde abundan los peces preciosos, de jade; "donde están los que tienen que ver con los peces de esmeralda", que no son otros que los futuros hijos del hombre. A este dios se le consideraba el sumo proveedor de los sustentos y de las lluvias, los truenos, los rayos y el granizo. Era "el señor de las verduras y frescuras" y de "todas las cosas de mantenimiento". Era Tlaltecuhtli, ya que Tláloc es "el que tiene la calidad de la tierra o la personificación de la tierra”. Era naualpilli o sea el noble mago, debido a la maravilla con que produce las mieses y frutos. Era llamado tonacáyotl, "el fruto de la influencia solar del Sol”. Junto con otros dioses efectuaba el prodigio de la transformación de la semilla en planta. Asimismo, era Ometecuhtli, pues "solía como padre y madre criarnos, y darnos leche con los mantenimientos y yerbas y frutos...". El ámbito de influencia espacial de esta deidad se acrecienta al desdoblarse en los tlaloque o ecatotoni, considerados "nubes", "montecillos" y "vientecillos” y que comúnmente se encontraban en "las cuatro regiones de la tierra", en "las concavidades de la tierra, en el aire, en los montes altos o en las cuevas profundas"; por eso los labradores les hacían altares y los reverenciaban en las cuevas, los montes y cumbres. Eran seres ambivalentes: tenían la facultad de conceder lluvias y se les atribuía la fructificación. Producían heladas, tempestades, enfermedades y escondían los frutos de la tierra.

 

Tlaltecuhtli

 Señor o señora de la tierra (el monstruo Cipactli), quien generaba varios componentes de la naturaleza, como las plantas (de sus cabellos surgieron los árboles, las flores, las yerbas), y de la tierra en general, como montañas, valles, ríos, pozos, cavernas y cuevas. Según el mito, cuando fue dividida por Quetzalcóatl y Tezcatlipoca, los otros dioses, para consolarla y compensar el daño hecho, ordenaron que de ella saliese todo fruto necesario para la subsistencia del hombre.

 

Teteo Innan

Deidad tectónica como Tlalli Iyollo, el corazón de la tierra. Entre los mexicas, Teteo lnnan o Toci era la diosa madre, "la gran conocedora de las medicinas y las yerbas", patrona de las “mujeres médicas”, de los sangradores, los médicos y cirujanos, las parteras y las "que dan yerbas para abortar". Personifica a Quilaztli, que aunque guerrera está asociada a las legumbres o quelites; es "la que llega a hierba comestible", cuida de las legumbres y de su germinación, "la fomentadora de la vida de los vegetales que alimentan al hombre".

 

Cintéotl

Deidad andrógina,aunque puede ser considerada masculina. Como hijo de Toci, ordenaba que hubiese retoños y era "el dios de las mieses". Se le puede considerar un dios dema (los que, según numerosos mitos cosmogónicos de diversas culturas, son los creadores que fueron despedazados y de cuyos fragmentos se originaron diferentes elementos de la naturaleza), pues de su cuerpo surgieron varias plantas útiles como el camote, el maíz, la chía, el algodón, el huauhzontli y otros frutos. Es considerado el maíz joven y representación de la mazorca divinizada.

 

Velasco Lozano, Ana María L., “Dioses y naturaleza”, Arqueología Mexicana número 57, pp. 34-35.

 

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