• sábado, 20 de octubre de 2018

Morelos prehispánico

Mario Córdova Tello y Carolina Meza Rodríguez

Las primeras manifestaciones culturales en el hoy estado de Morelos tuvieron lugar en cerros, cuevas, abrigos y cañadas. Ejemplo de ello son las cuevas del Cerro Delgado, de Chalcatzingo, en las que se conservan manifestaciones de pintura rupestre. Igualmente, en las paredes de los acantilados que flanquean al río Amatzinac se han reportado pictografías y petrograbados.

Ya para 1500 a.C., las evidencias denotan que para asentarse los grupos humanos prefirieron áreas situadas junto, o muy cercanas, a espejos, ojos de agua y ríos. Sitios del Preclásico Temprano como Gualupita, Nexpa, Olintepec y San Pablo se caracterizaron por tener una serie de plataformas sobre las que levantaron casas habitación, asociadas al procesamiento de alimentos, así como áreas para talleres en los que se manufacturaban los productos líticos requeridos para la caza. En ese tiempo también había espacios que albergaban los templos de las deidades y los altares de las ofrendas. Parte sustancial de los asentamientos mesoamericanos eran las terrazas agrícolas, en las que aún es posible detectar elementos de los sistemas hidráulicos que en época de estiaje garantizaban el abasto de agua. Las evidencias arqueológicas de esa etapa muestran la organización necesaria para el sustento y cohesión social de la comunidad.

En Morelos, las sociedades más complejas comenzaron en el Preclásico Medio, 800-100 a.C., en lugares con agua a raudales o con posibilidades de controlar el líquido de los manantiales o de las barrancas. En efecto, en sitios como Chalcatzingo, Atlihuayán y Zazacatla se han registrado complejos arquitectónicos con basamentos y redes hídricas, pero sobre todo se han encontrado manifestaciones escultóricas que revelan la fuerte presencia olmeca en la entidad.

Si bien el valle oriente de Morelos vio desarrollarse y florecer a las culturas tempranas, ya en el valle occidental, justamente al norte de Cuernavaca, las relaciones entre los pueblos de la tierra caliente y el Estado teotihuacano se manifestaron en el sitio de Zoquipa-Tlachichila. Sobre una loma de aproximadamente un kilómetro de largo, se detectó el asentamiento teotihuacano definido básicamente por el arreglo arquitectónico de sus basamentos y templos en torno a un patio o plaza, así como por la presencia de la cerámica Anaranjada Delgado, diagnóstica del periodo Clásico. En el Epiclásico, debido a transformaciones políticas y religiosas, las cambiantes sociedades mesoamericanas eligieron regiones periféricas, distantes de los grandes centros urbanos, para crear las sedes de sus ciudades. En el valle occidental de Morelos, en un lapso de 200 años se funda y desarrolla la ciudad de Xochicalco.

 

• Mario Córdova Tello. Arqueólogo por la ENAH. Investigador del Centro INAH Morelos. Dirige los proyectos arqueológicos: Sur de Morelos: Chimalacatlán, y Chalcatzingo. Ha realizado proyectos de investigación y conservación en varios estados.

• Carolina Meza Rodríguez. Arqueóloga por la ENAH. Investigadora del Centro INAH Morelos. Integrante del Proyecto Chalcatzingo. Ha participado en diversos proyectos de arqueología y conservación en inmuebles históricos y arqueológicos de Morelos y Campeche.

 

Córdova Tello, Mario y Carolina Meza Rodríguez, “Morelos prehispánico”, Arqueología Mexicana, núm. 153, pp. 24-31

 

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