• 18-sep-2020

Rostros teotihuacanos

Sofía Martínez del Campo Lanz

Los rostros de piedra estilo teotihuacano

Incrustaciones ornamentales y elementos simbólicos

En algunos rostros aún se conservan incrustaciones elaboradas con materiales como concha y caracol, obsidiana, pirita o hematita especular. En el caso de la máscara de Malinaltepec, Guerrero, se conserva además el mosaico de amazonita, turquesa, concha y hematita especular que cubre parcialmente el rostro (Sánchez y Robles, 2010; Velázquez et al., 2010). Todos estos elementos eran considerados por los pueblos mesoamericanos como materiales preciosos, dado que los relacionaban de forma simbólica con los estratos sobrenaturales y los seres que en ellos habitaban.

Los colores verde y azul eran elementos análogos del cielo y del mar primordial, fuentes primigenias de vida en las que habitaban los dioses creadores en su dualidad celeste y acuática. Las piedras verdes y azules poseían además connotaciones de permanencia, humedad y fertilidad, renovación y renacimiento, aliento y esencia vital y, junto con los caracoles marinos y las conchas, los minerales de cualidades metálicas y los cristales ígneos reflejantes, simbolizaban los umbrales de comunicación esencial entre los tres niveles del cosmos.

Por su simbolismo y durabilidad, las conchas y caracoles marinos fueron materiales muy apreciados para elaborar objetos suntuarios (Velázquez Castro, et al., 2009), y eran una referencia al universo acuático subterráneo, tanto en la concepción de origen y nacimiento, como en la de muerte y renacimiento. Así, con esos materiales se hicieron los elementos complementarios de máscaras y esculturas ceremoniales.

La obsidiana, la hematita especular y la pirita eran minerales con el mismo nivel de importancia simbólica, y se utilizaban para elaborar los accesorios de las máscaras, como el iris de los ojos. Esos materiales estaban íntimamente relacionados con la idea mesoamericana de los espejos como cuevas o pasajes hacia lo sobrenatural, por su capacidad de reflejar un mundo que podía ser visto pero no integrado. En la tradición teotihuacana, los espejos circulares estaban ligados simbólicamente con los ojos, el rostro, los escudos y las flores (Miller y Taube, 2007, p. 115).

 

Sofía Martínez del Campo Lanz. Restauradora por la ENCRYM, especialista en restauración e investigación de máscaras y ajuares funerarios prehispánicos. Durante los últimos ocho años ha sido coordinadora del “Proyecto máscaras funerarias” del INAH. Se dedica a la investigación y consultoría en temas de conservación.

Martínez del Campo Lanz, Sofía, “Los rostros de piedra estilo teotihuacano”, Arqueología Mexicana, núm. 123, pp. 22-28.

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