• 17-oct-2019

Coyolxauhqui. Una diosa guerrera sacrificada

Muerta y arrojada desde la cima del mítico cerro Coatepétl por su hermano Huiztilopochtli, la diosa yace desmembrada. El pelo de la diosa es negro, simulado por medio de surcos, y está dividido en tres mechones (a) y adornado con 12 discos blancos (b), equivalentes a los plumones relacionados con la muerte y el sacrificio, elementos que se inscriben en la lógica conceptual del sacrificio de una diosa guerrera. En esa misma condición bélica, Coyolxauhqui luce sobre su cabeza un espectacular penacho azul, en forma tan realista que el artista reprodujo incluso la sombra que provoca la sobreposición de las plumas, las cuales imitan las del “águila real”, vinculada con Huitzilopochtli y con el cielo diurno. Se divide en dos partes: la primera, dispuesta como una aureola (c), la conforman las plumas coberteras superiores del ala del “águila real”, las cuales, al igual que en su estado natural, tienen un tamaño uniforme que se incrementa de la primera a la tercera hileras (d). La segunda es un colgajo inspirado en las plumas largas de la cola del águila, con las puntas truncadas y las barras transversales, apreciables cuando el ave está en vuelo, en blanco y rojo (e). Dos plumas más están separadas del resto, atadas por cuentas rojas, una sencilla (f) y otra doble (g).

Tomado de Lourdes Cué et al., “El monolito de Coyolxauhqui. Investigaciones recientes”, Arqueología Mexicana, núm. 102, pp. 42-47.

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