• lunes, 10 de diciembre de 2018

La cultura Mololoa

José C. Beltrán

En el Museo Regional de Nayarit, y probablemente en otros más, existen algunos materiales arqueológicos de gran interés, de los cuales no se conocían mayores datos sobre su filiación cultural, ya que todos ellos  proceden de donaciones y decomisos. Entre estos materiales, que ya han sido catalogados e inventariados, destacan unas grandes vasijas cilíndricas antropomorfas, provenientes de la ciudad de Tepic, ubicada en el fértil valle de Matatipac, y de las márgenes e inmediaciones del río Mololoa, de donde toman su nombre. 

En los últimos años se realizaron en Nayarit dos rescates arqueológicos que permitieron localizar, mediante excavaciones controladas, dos entierros colectivos depositados en urnas tipo Mololoa, así como una serie de figurillas y algunos materiales líticos en contextos prehispánicos intactos, lo que nos permitió conocer algunos datos sobre su tecnología, su temporalidad y sobre las costumbres funerarias. 

Historia 

En 1524 llegó por primera vez a Nayarit un escuadrón español al mando de Francisco Cortés de Buenaventura, sobrino de Hernán Cortés, con la misión de encontrar a las amazonas y buscar un buen puerto de mar. Después de pasar por Ixtlán y Ahuacatlán, el capitán español llegó a Tepic y a Jalisco, en donde fue recibido en son de paz por una poderosa mujer, la reina de Jalisco, quien le ofreció una gran fiesta de recepción. Posteriormente, el capitán bajó a la costa y salió por la bahía de Banderas, de retomo hacia Colima, vía El Tuito. Volvió sin encontrar a las amazonas, pero en posesión de muchas perlas y con noticias sobre las tierras y puertos marinos encontrados (Cortés, 1970). 

En 1530, Nuño Guzmán arrasó el occidente del país, a pesar de que los pueblos de esta  región estaban sometidos y en paz. Su siniestra marcha comenzó de manera trágica: asesinó al rey de Michoacán, no obstante que éste era aliado del rey de España. Nayarit no fue la excepción y fue sometido a sangre y fuego, no obstante la heroica resistencia de algunos señoríos. Sin embargo, los  pueblos de la Sierra Madre Occidental nayarita han mantenido hasta nuestros días, con gran orgullo y enormes dificultades, la posesión de sus tierras comunales, lo cual les ha permitido mantener su identidad cultural y su relativa independencia. 

Durante la Colonia y, posteriormente, en el México independiente, la próspera villa de Tepic fue creciendo hasta convertirse en pueblo y luego en ciudad. El descubrimiento de varias piezas arqueológicas de diferentes épocas y contextos es prueba de este desarrollo urbano. 

El lote de piezas más notable de todos los conocidos fue encontrado gracias a excavaciones realizadas alrededor de 1903 en el parque de La Alameda. El investigador noruego Carl Lumholtz (1904) publicó e ilustró en su famosa obra El México desconocido estos materiales, pertenecientes a la tradición Aztatlán. 

Entre ellos destacan 26 cascabeles y un pectoral de oro, turquesas, placas, una vasija de arcilla y una vasija antropomorfa de alabastro. También sobresale una bella vasija zoomorfa de cerámica plomiza (plumbate), procedente del área maya, con la representación de un pavo ocelado de Yucatán, recubierto con pequeñas láminas de oro. Actualmente estas piezas se encuentran en el Museo de Historia Natural de Nueva York. 

Posteriormente, ya en nuestro tiempo, se llevó a cabo uno de los rescates arqueológicos de Tepic, en el campus de la Universidad Autónoma de Nayarit. En este lugar se encontraron tres ollas-urna, dos figurillas sólidas y piezas de obsidiana, depositadas entre dos pisos de piedra y arcilla, los cuales fueron utilizados para proteger el entierro y delimitar el espacio sagrado. 

En la colonia López Mateos se realizó otro rescate, gracias al cual se localizó un entierro colectivo de gran interés. En este trabajo nos referiremos en especial a este último rescate, por ser el más relevante. 

Excavaciones arqueológicas 

En los últimos años se realizaron en Nayarit dos rescates arqueológicos que permitieron localizar, mediante excavaciones controladas, dos entierros colectivos depositados en urnas tipo Mololoa, así como una serie de figurillas y algunos materiales líticos en contextos prehispánicos intactos, lo que nos permitió conocer algunos datos sobre su tecnología, su temporalidad y sobre las costumbres funerarias. 

Los lugares excavados son áreas pertenecientes evidentemente al antiguo sitio arqueológico de Tepic, de  profunda secuencia cultural. Se trata principalmente de cementerios prehispánicos localizados en áreas apartadas. El sitio se encuentra en la parte baja de una terraza ubicada en el pie de monte del cerro de La Batea. El derrumbe de un paredón dejó al descubierto tres ollas y 13 figurillas, las cuales fueron rescatadas por la PGR. Ante tal situación, el Centro INAH Nayarit realizó un rescate arqueológico de emergencia. 

Los trabajos arqueológicos comenzaron con un recorrido sistemático de superficie en el lugar y sus alrededores, así como con una recolección de materiales para intentar conocer la temporalidad del sitio y su filiación cultural. Entre los materiales identificados sobresalen los de obsidiana negra y verde, así  como tiestos pertenecientes a la fase Ixtlán Temprano de la cultura de Tumbas de Tiro. 

Una vez conocido el terreno y evaluada la problemática, se eligió la estrategia y el lugar apropiados para realizar la excavación; se trazó una trinchera arqueológica de  25 m2, la cual fue excavada hasta los tres metros de profundidad. 

A 1.20 m de  profundidad se localizó un piso de tierra, sobre el cual fue depositado un altar de piedras y un entierro colectivo, formado por dos urnas antropomorfas, 10 ollas-urna, l9 figurillas antropomorfas y dos objetos de obsidiana verde. Para protegerlo, el entierro fue sellado con una capa de 40 cm de grosor (capa III), preparada con tierra arcillosa y un poco de cal. Encima de ella viene otra capa, de 80 cm de grueso, que también protegía el entierro (capa II), formada por  la misma  tierra arcillosa pero sin presencia de cal,  por lo que no tenía la misma dureza. La capa I tenía de 3 a 4 cm de grueso  y correspondía a la superficie actual del terreno. 

 

José C. Beltrán. Licenciado en arqueología por la ENAH. Trabaja en el Centro Regional INAH de Nayarit en el salvamento arqueológico de punta Mita y de la Costa Sur de Nayarit. 

Beltrán, José C.,  “La cultura Mololoa”, Arqueología Mexicana, núm. 47, pp. 64-67.

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