• martes, 23 de abril de 2019

La guacamaya momificada de Cueva de Avendaños, Chihuahua

Emiliano Gallaga Murrieta, Sthephen Plog, Patricia Gilman, Doug Kennett, Brenda Castro

Es frecuente que algunos de los descubrimientos  en el mundo de la arqueología  no se den dentro de los proyectos  académicos, sino por accidente,  por aficionados o por mera destrucción.  En este caso, el descubrimiento de un  rico contexto funerario al interior de  un abrigo rocoso en las faldas de la Sierra  Madre Occidental en la comunidad de  Avendaños, municipio de San Francisco  de Borja, Chihuahua, se debió, lamentablemente,  a su destrucción. A principios  de 2016, los dueños de una cueva que se  aprovechaba como agostadero decidieron  nivelarla con un bulldozer para usarla  en eventos sociales. Como producto  de la nivelación al interior de lo que se  conoce como Cueva Avendaños se destruyó  un rico contexto arqueológico  donde los trabajadores fueron recolectando  los materiales que les parecieron  interesantes y que iban apareciendo  detrás de la máquina, y los depositaron  en una covachita cercana. El dueño, al  percatarse del hecho, detuvo las obras y  realizó la denuncia a los arqueólogos de  la Escuela de Antropología e Historia del  Norte de México (EAHNM), en Chihuahua,  un viernes por la tarde, y envió una  fotografía de los materiales. Con  oficio en mano se realizó un rescate, el  cual consistió en registrar los materiales  recolectados por los lugareños, realizar  una inspección de la cueva, registrar  material in situ y realizar algunas calas  de aproximación. Para ello se trasladaron  hasta lo que en ese momento era  considerada una cueva por los cuatro  arqueólogos adscritos a la licenciatura  de arqueología y alumnos voluntarios de  la misma licenciatura de la EAHNM, por  los subsiguientes tres fines de semana  de mayo de 2016.

El sitio Cueva de Avendaños se localiza  en el río San Carlos, tributario del  río Conchos, en su margen izquierda, a  unos 500 m de la comunidad del mismo  nombre, a unos 15 km de la población  de San Francisco de Borja, por camino  de terracería, y a 125 km de la ciudad de  Chihuahua en dirección a la ciudad  de Cuauhtémoc por la carretera federal  núm. 16. Geológicamente hablando,  el sitio es un abrigo rocoso, pero  los lugareños lo conocen como Cueva de  Avendaños.

A nuestra llegada al sitio se procedió  a parar las obras de manera inmediata,  constatar los daños y registrar el material  que recolectaron los trabajadores,  que se encontraba dentro de una covachita  a las afueras de la línea de goteo  del abrigo. Una primera impresión fue  la de constatar la diversidad de objetos,  así como la buena preservación de los  materiales, los cuales a la hora de registrarlos,  y embalarlos daban la impresión  de ser de reciente creación con colores  vivos. Todos y cada uno de los objetos  fueron fotografiados y registrados in  situ y embalados para su traslado al  laboratorio de arqueología de la EAHNM,  Chihuahua. Consideramos importante  mencionar la buena disposición de la comunidad  al llevarnos los materiales  para su investigación y conservación, en  especial la del dueño del predio, Gilberto  Olivas Sánchez, alias el Chato.

Aunque el contexto original fue completamente  destruido por la maquinaria,  inferimos que se trataba de un  bulto funerario debido a los materiales  localizados y resguardados por los trabajadores,  el cual estaba compuesto por  lo menos por tres individuos adultos  (dos cráneos de adulto y tres pares de fémures).  Entre los materiales que creemos  formaban parte de este contexto se  registraron fragmentos de cestería, en  los cuales se pudieron apreciar diseños  geométricos; un fragmento grande de  textil color rojo/café oscuro, que se cree  pudo ser con el que se envolvió el fardo  funerario; un fragmento de cuero de piel  de venado, en que se aprecia una costura  (posiblemente una bolsa o taparrabo);  cordelería hecha posiblemente con  algodón, yuca y cabello humano; fragmentos  de madera; gran cantidad de  olotes; una concha marina sin trabajar,  y la cabeza momificada de una guacamaya.  Como ya mencionamos, estos materiales  no se hallaron in situ y a pesar de  su buena conservación se encontraron  en muy mal estado por haber sido sacados  de su contexto con un bulldozer  en el transcurso de la nivelación del  suelo del abrigo. Por eso, al realizar la  inspección para registrar sus medidas  se notó que en la pared del fondo quedaba  una franja –de aproximadamente  un metro de ancho, un metro de alto (en  su parte más alta) y unos 60 m de largo–  que la maquinaria no había destruido  y que en los cortes había una gran  cantidad de materiales y contextos que  podrían ser excavados para obtener  mayor información acerca de los habitantes  que usaron este abrigo como su  hogar. Inmediatamente se tomó la decisión  de realizar unas calas con las  cuales poder establecer la estratigrafía,  identificar contextos no alterados y, de  ser posible, obtener material de fechamiento.  Al final del rescate se realizaron  siete unidades de excavación de  distintas dimensiones.

 

• Emiliano Gallaga Murrieta. Arqueólogo por la  ENAH; doctor en antropología por la Universidad  de Arizona. Director y profesor/investigador de  la EAHNM.

• Sthephen Plog. Doctor en antropología por la  Universidad de Michigan. Profesor/investigador  de la Universidad de Virginia.

• Patricia Gilman. Doctora en antropología por la  Universidad de Nuevo México. Profesor/investigador  de la Universidad de Oklahoma.

• Doug Kennett. Doctor en antropología por la  Universidad de California. Profesor/investigador  de la Universidad Estatal de Pennsylvania.

• Brenda Castro. Pasante de arqueología de la  Escuela de Antropología e Historia del Norte de  México.

 

Gallaga Murrieta, Emiliano et al. “La guacamaya momificada  de Cueva de Avendaños,  Chihuahua”, Arqueología Mexicana, núm. 154, pp. 76-83.

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