Cómo nació el maíz: la transformación del teocintle en la planta que alimenta al mundo

Alejandro de Ávila Blomberg y Geovanni Martínez Guerra

Entre todos los cultivos que nos sustentan hoy día como sociedad global, el maíz es la planta que ha sido modificada de manera más drástica por intervención humana. Sabemos que el teocintle (Zea mays subespecie parviglumis, antepasado directo del maíz) fue domesticado en México porque sólo crece silvestre en una región que se extiende de Oaxaca a Nayarit, pero...

¿quiénes, entre los diversos pueblos originarios de la antigüedad, lograron crear la mazorca, envuelta por el totomoxtle como si fuera un regalo destinado para nosotros, sus descendientes milenios más tarde?

En este trabajo proponemos que el área de distribución natural de las distintas especies del género Zea (el grupo al que pertenece el teocintle), comparada con el hábitat ancestral que podemos reconstruir para las familias lingüísticas mesoamericanas y cotejada también con la evidencia arqueológica más temprana de la domesticación del grano, aporta datos suficientemente robustos, en conjunto, para identificar cuál cultura primigenia debe haber iniciado la transformación del teocintle y el diseño de la milpa, como policultivo que provee todos los nutrientes básicos que requerimos, en ausencia de una megafauna que permitiera un modo de vida pastoril como en otras cunas de la agricultura.

Para comenzar, revisemos dónde crecen el teocintle y sus parientes. Al examinar el mapa, lo primero que salta a la vista es que los miembros del género Zea se concentran a lo largo de la vertiente del Pacífico, desde el suroeste de Chihuahua (Zea mays subsp. mexicana, forma Nabogame, que crece en la Sierra Tarahumara) hasta Nicaragua (Zea nicaraguensis, planta acuática que sólo se conoce en un pequeño tramo de un río, cerca de su desemboque en el Golfo de Fonseca en el Pacífico) y Costa Rica (Zea vespertilio, descubierta recientemente en la Isla Murciélago, junto a la península de Santa Elena en Guanacaste).

Es notable la ausencia de Zea en la vertiente del Atlántico, si bien en varios puntos a lo largo de la Sierra Madre Oriental, y en las montañas centroamericanas con vista al Caribe, encontramos condiciones ecológicas similares a las de la Sierra Madre Occidental y Sierra Madre del Sur, donde crecen las diversas especies enumeradas en el mapa. Este sesgo en la distribución de todo el género, cuya diversidad se concentra en la cuenca del Balsas y las montañas adyacentes a ella, de Oaxaca a Jalisco, indica que el linaje de plantas que dio pie a Zea se diferenció en el suroccidente de México. Sugiere, además, que el teocintle y sus parientes eran consumidos y dispersados por algún componente de la megafauna extinta, cuya distribución debe haberse restringido de igual manera a los bosques tropicales comparativamente secos de esta parte de Mesoamérica.

Ciertas peculiaridades físicas y ecológicas de la planta nos hacen creer que el teocintle evolucionó en una relación estrecha con grandes mamíferos herbívoros. En primer lugar, se trata de una especie heliófila, es decir, que crece a pleno sol y no tolera la sombra de la selva baja, por rala que sea. El arqueólogo Kent Flannery comentó en una publicación de los años ochenta del siglo pasado que el teocintle sólo nace en las “cicatrices naturales del paisaje”: sitios donde los incendios o los derrumbes han desmontado el terreno.

Para leer más...
Ávila Blomberg, Alejandro de, “Quelites, fieras y flores: categorías mesoamericanas de lo vivo”, en Perig Pitrou, María del Carmen Valverde Valdés y Johannes Neurath (coords.), La noción de vida en Mesoamérica, Instituto de Investigaciones Filológicas, UNAM/CEMCA, México 2011, pp. 41-93.
Janzen, Daniel H., “Dispersal of small seeds by big herbivores: foliage is the fruit”, The American Naturalist, 123 (3), 1984, pp. 338-353.
Kaufman, Terrence, “Early OtoManguean homelands and cultures: some premature hypotheses”, University of Pittsburgh Working Papers in Linguistics, 1, 1990, pp. 91-136.
Sánchez González, José de Jesús, Corral de José Ariel Ruiz, Guillermo Medina García et al., “Ecogeografía del teosinte”, Plos One, 2018. https://journals.plos.org/plosone/article?id=10.1371/journal.pone.0192676
Winter, Marcus C., Margarita Gaxiola G. y Gilberto Hernández D., “Archaeology of the Otomanguean área”, en J. Kathryn Josserand, Marcus Winter y Nicholas Hopkins (eds.), Essays in Otomanguean cultural history, Vanderbilt University Publications in Anthropology, núm. 31, Nashville, 1984, pp. 65-108.

Alejandro de Ávila Blomberg. Doctor en antropología por la Universidad de California en Berkeley. Se especializa en el estudio del conocimiento ambiental de los pueblos otomangues y nahuas. Fundador del Jardín Etnobiológico de Oaxaca.
Geovanni Martínez Guerra. Investigador zapoteco originario de Juchitán, en el istmo de Tehuantepec. Estudió biología en la Universidad Autónoma Benito Juárez de Oaxaca. Se especializa en la etnobotánica de las cícadas. Coordinador del Jardín Etnobiológico de Oaxaca.

Tomado de Alejandro de Ávila Blomberg y Geovanni Martínez Guerra, "¿Quiénes domesticaron al maíz? Inferencias biogeográficas, lingüísticas y arqueológicas", Arqueología Mexicana, núm. 199, pp. 44-51.