Desde épocas antiguas hasta nuestros días el cuerpo ha sido la herramienta mediante la cual el hombre da a conocer su estancia en, su relación con y su vivencia del universo.
En Copán, que floreció durante cuatro siglos bajo un sistema político estable, se encuentra un legado de piedra labrada con maestría en esculturas monolíticas y arquitectónicas sin igual en el mundo maya.
Este objeto arqueológico, único hasta ahora, ha sido interpretado como un pectoral en forma de máscara, por llevar plenamente demarcada con concha blanca, las partes que pertenecen al individuo hipotético que lo portaba.
La abundancia de recursos naturales de la Cuenca de México, la más extensa entre otras regiones lacustres, propició el desarrollo de poblaciones que se convirtieron en grandes ciudades.
Se elaboraron una amplia variedad de objetos de turquesa: bezotes, narigueras, orejeras, collares, brazaletes, pectorales, máscaras, cascos, escudos y discos, espejos, cuchillos de sacrificio, cráneos decorados, figuras de animales y diademas reales.
La laguna de Santa Teresa (Tu'a'mwa) es, para los coras, el resto del diluvio universal, provocado por una gigantesca serpiente, que acabó con un mundo anterior.
Esta magia cosmogónica está presente en todas las ceremonias agrícolas y ritos de curación, así como en la elaboración de cada uno de los objetos votivos.
Renato Ravelo y Francisco González Rul utilizaron el mono de obsidiana para ejemplificar los problemas derivados del saqueo de sitios arqueológicos para enriquecer colecciones privadas.