La abundancia de recursos naturales de la Cuenca de México, la más extensa entre otras regiones lacustres, propició el desarrollo de poblaciones que se convirtieron en grandes ciudades.
Se elaboraron una amplia variedad de objetos de turquesa: bezotes, narigueras, orejeras, collares, brazaletes, pectorales, máscaras, cascos, escudos y discos, espejos, cuchillos de sacrificio, cráneos decorados, figuras de animales y diademas reales.
La laguna de Santa Teresa (Tu'a'mwa) es, para los coras, el resto del diluvio universal, provocado por una gigantesca serpiente, que acabó con un mundo anterior.
Esta magia cosmogónica está presente en todas las ceremonias agrícolas y ritos de curación, así como en la elaboración de cada uno de los objetos votivos.
Renato Ravelo y Francisco González Rul utilizaron el mono de obsidiana para ejemplificar los problemas derivados del saqueo de sitios arqueológicos para enriquecer colecciones privadas.
Se creía que algunos individuos podían transformarse en jaguar, los nanahualtin, personas que usaban piel de jaguar y tenían dotes excepcionales para adquirir riquezas o conocimientos.