• 24-may-2020

La pintura mural en Mesoamérica

María Teresa Uriarte

“Y es que en el mundo traidor / nada hay verdad ni mentira: / todo es según el color / del cristal con que se mira”.

Ramón de Campoamor

El popular verso de Ramón de Campoamor al principio del texto me parece que ilustra muy bien el tema que me interesa compartir con los lectores.

Es un hecho que vemos culturalmente, si bien el fenómeno de la percepción visual es compartido por todos los seres vivos, los seres humanos estamos condicionados por nuestra cultura y aun por nuestra profesión a ver de diferentes maneras; así, un modisto, un pintor y un médico no verán el cuerpo femenino de la misma forma y en mi opinión ese proceso de la percepción visual lo podemos ver reflejado en la pintura mural prehispánica. Desde mi punto de vista es justamente en estas diferencias culturales en donde radica la diferencia de estilo.

En la pintura rupestre de Baja California era importante señalar a una mujer a través de la representación de sus senos debajo de los brazos, de la misma forma que en la pintura teotihuacana es importante enseñarnos aquello que de forma natural estaría oculto a nuestros ojos, como en el caso del hombre-jaguar de los muros de Tetitla, donde se nos muestra la parte del tocado que cuelga en el lado invisible de la figura y que se gira para hacerla evidente delante de la cara del personaje; porque con seguridad es importante que el espectador lo vea. Puede ser por su contenido simbólico o simplemente porque el pintor sabe que existe y por tanto el espectador debe verlo.

En diversos murales mesoamericanos, por ejemplo, vemos dos pies izquierdos o dos manos derechas y en mi opinión es porque la fidelidad al dato visual es menos importante que el hecho de representar a la figura de una forma anatómicamente perfecta.

Las variaciones que podemos encontrar en las maneras de representación de una figura estarán acordes a su cultura y a su particular forma de entender la realidad.

El proyecto “La pintura mural prehispánica en México”

Hace 30 años que, por iniciativa de la Dra. Beatriz de la Fuente, empezamos a estudiar la pintura mural mesoamericana con la participación de investigadores de distintas disciplinas científicas y humanísticas, tanto del país como extranjeros.

Estos estudios estaban casi relegados y no existía ni una metodología para su estudio, ni una precisión para sus denominaciones. Pongo por ejemplo el uso indiscriminado de términos y conceptos con el que se relacionaba la pintura, por ejemplo, todos los murales eran “frescos” y todos los felinos eran jaguares, o aun antes eran “tigres”; poco se hablaba de la pintura con rigor científico, aunque desde 1884 se hubieran encontrado las pinturas de Teopancazco en Teotihuacan.

A lo largo de estos 30 años todos hemos aprendido a ver la pintura con ojos interdisciplinarios y cambiantes, en la medida en la que han avanzado nuestros trabajos en las diferentes regiones de Mesoamérica.

Creo que saldrá sobrando la explicación sobre Mesoamérica porque ha sido tratada durante muchos números de esta revista (que es el vehículo de comunicación más importante que tenemos los que nos dedicamos a la mejor comprensión de las culturas originales y originarias de esta tierra), por tanto, parto del supuesto de que todos sabemos de qué hablo cuando hablo de Mesoamérica. Podemos acercarnos al tema de la pintura mural desde diferentes perspectivas, como la historia del arte, que es mi especialidad, o como lo presentamos en este número de Arqueología Mexicana, con el estudio de las diferentes disciplinas que han configurado el proyecto “La pintura mural prehispánica en México” desde que inició, y gracias al cual hemos publicado ya dos tomos de Teotihuacan, está por salir su versión electrónica, dos tomos de estudios de la pintura maya, dos tomos de Bonampak, cuatro tomos de la pintura de Oaxaca y cuatro tomos de la pintura de Cacaxtla. Estamos por iniciar el proceso de publicación de la pintura mural de Tamuín, en la Huasteca potosina, que ya está terminado, y ahora mismo estamos trabajando en la pintura de Chichén Itzá y en el catálogo de la pintura maya, que había quedado pendiente después de la publicación de los libros de Estudios.

En todos los casos hemos tratado de presentar las investigaciones realizadas por especialistas de diferentes disciplinas, así como un catálogo lo más completo posible sobre la pintura de cada uno de estos lugares.

Estamos felices por tener la oportunidad de poner en manos de los miles de lectores de Arqueología Mexicana algo de nuestras investigaciones sobre la pintura mural de Mesoamérica. [...]

Hagamos un poco de historia

Los murales más antiguos que se han encontrado hasta ahora son los de San Bartolo, en Guatemala (100 a.C.), que han sido estudiados por su descubridor, William Saturno, por Karl Taube y David Stuart y reproducidos por Heather Hurst. En estos estudios se presenta la vinculación con algunos rasgos que llamaríamos olmecas, sin embargo, la narrativa de sus imágenes nos traslada a la difícil frontera entre lo olmeca y lo maya.

 

María Teresa Uriarte. Investigadora del IIE, UNAM. Ha sido directora del IIE, coordinadora de los Consejos Académicos del Área de Humanidades y las Artes, miembro de la Junta de Gobierno de la UNAM, coordinadora de Difusión Cultural. Dirige el proyecto "La pintura mural prehispánica en México". Ha escrito, coordinado o editado 21 libros en México y en el extranjero.

Uriarte, María Teresa, “La pintura mural en Mesoamérica”, Arqueología Mexicana, núm. 162, pp. 34-41.

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