En Mesoamérica la vida se gestaba en la silenciosa dimensión telúrica-nocturna de la muerte, en lugares como el Mictlan, el Cumiehchúcuaro, el Metnal, el Xibalbá, etc.
Como ocurría con el resto de la población prehispánica madura, la artritis era uno de los padecimientos degenerativos más comunes, entre los dignatarios.
Con estas palabras se inicia el relato solemne de la historia de los tarascas que, año tras año, el sacerdote mayor de este pueblo, o petámuti, hacía durante la fiesta de las flechas.