La occisión ritual fue practicada por los agricultores mesoamericanos desde épocas muy tempranas. Sin embargo, la vida política intensificó considerablemente las occisiones en número y en frecuencia por motivos ideológicos. Por una parte, las ceremonias públicas, masivas, impresionaban fuertemente al pueblo participante, pues insistían en la terrible obligación humana de mantener la vida en el mundo y la necesidad de entregar militarmente su propia existencia a los fines del Estado.
Poco después de fundada México-Tenochtitlan, los mexicas conquistaron y suprimieron la dinastía de Colhuacan, y así obtuvieron el anhelado linaje tolteca.
Sin duda, la ciudad más importante del Clásico maya fue Tikal, reino hegemónico del Petén que llegó a albergar a miles de pobladores. La ciudad es notable por su secuencia ocupacional-que va del Preclásico a finales del Clásico-, su arquitectura, sus monumentos con inscripciones y por la cantidad y calidad de los objetos ahí localizados.
Después del sometimiento por las armas, siguió lo que se conoció como “reducción”, que significaba obligarlos a dejar sus antiguas normas y costumbres y adoptar el cristianismo. Fue ésta una labor relativamente fácil; sin embargo, la conversión verdadera y profunda de la conciencia y la cultura nativas nunca se pudo completar.
Entre los principales problemas de la arqueología maya están las estrategias de adaptación que permitieron el desarrollo de las ciudades del Petén, en un medio ambiente con grandes limitaciones para la explotación agrícola, el abastecimiento de agua y las comunicaciones. El estudio del medio ambiente es fundamental para entender el crecimiento y colapso de la civilización maya.