• 10-ago-2020

Las aves en la narrativa pictórica

María de Lourdes Navarijo Ornelas

En la iconografía de la pintura mural aparecen imágenes de aves con mayor frecuencia, cantidad y variedad que las de otros animales. El inventario de aves reconocidas hasta este momento es de alrededor de 39 especies cuya utilización alegórica más que decorativa forma pare del imaginario mesoamericano.

Desde la prehistoria, las representaciones gráficas de las formas animales han sido una constante cultural que comunica conocimientos, ideas y emociones. En el caso de la pintura mural prehispánica, su importancia radica en que cada escena constituye una fuente de información primaria por su carácter de memoria gráfica de la vida cotidiana, los eventos bélicos, religiosos o míticos, es decir, es un testigo puntual de la presencia de quienes nos antecedieron y de los recursos naturales que valoraron. En todo el territorio nacional se han localizado evidencias; sin embargo, la muestra estudiada procede de 15 sitios arqueológicos ubicados en nueve estados (Campeche: Calakmul y Xuelen; Chiapas: Bonampak; estado de México: Teotihuacan; Oaxaca: Mitla, Monte Albán, Suchilquitongo, San Pedro Jaltepetongo; Quintana Roo: Xelhá; San Luis Potosí: Tamuín; Tlaxcala: Cacaxtla; Veracruz: Las Higueras y Tajín; Yucatán: Chichén Itzá, Mulchic). Su examen indica que las imágenes de aves superan en frecuencia, cantidad y variedad a los demás vertebrados, esto es, mamíferos, reptiles, anfibios y peces.

El análisis de los rasgos físicos y de los aspectos conductuales revela los saberes adquiridos gracias a los vínculos con la naturaleza. Al estudiar la imagen de un ave y sus atributos culturales se establece su identidad taxonómica y su papel en la narrativa pictórica. Conocer a la especie contribuye a la comprensión integral del mensaje pictórico, de acuerdo con la función alegórica que desempeñan las aves. El inventario de aves reconocidas es considerable. El catálogo está formado, entre otras aves, por el cormorán, que vive en lagos, estuarios y costas; la anhinga o huizote, que habita en pantanos de agua dulce; en las zonas costeras y de manglar se encuentra el pelícano café, y el blanco en los lagos de agua dulce; mientras que diversas especies de patos y garzas tienen una amplia distribución geográfica en distintos cuerpos de agua. También se han encontrado imágenes de zopilotes y de algunas galliformes, en especial el hocofaisán, habitante de las selvas del sur de México, además del guajolote. Se ven asimismo palomas, búhos y varias especies de pájaros passeriformes. Con todo, águilas, colibríes, loros y guacamayas son las aves de mayor presencia.

La representación de una misma especie en varios sitios ratifica su valor, el cual era compartido por distintos pueblos, como en el caso de loros y guacamayas que aparecen en diferentes recintos de Teotihuacan, Cacaxtla, Xel-há y en dos sitios oaxaqueños.

El papel de las imágenes de aves

Como elementos iconográficos, las aves contribuyen a complementar el discurso pictórico de una escena. Fueron representadas en posturas naturalistas o estilizadas con atributos simbólicos. En ambos casos se puede hallar un equilibrio entre la naturalidad de las formas y las fórmulas metafóricas, ya que, a pesar de las estilizaciones vinculadas con el diseño, los rasgos que distinguen a una especie o su conducta fueron exaltados sobre otras particularidades, lo que permite su identificación genérica.

No hubo un patrón a seguir, ya que se les ve con el cuerpo completo o fragmentado y se puede contar con un solo individuo en la escena o más de uno, así como de la misma especie o de especies diferentes. La sola imagen de un ave transmite un mensaje. Se le utilizó para formar topónimos, signos calendárico o glifos verbales.

La voz y el canto se ponderaron y adecuaron para expresar, por medio de vírgulas, una señal alegórica. Los diseños de garras y de picos sugieren acciones de movimiento o de traslado de objetos. En tanto que la conducta depredadora de las rapaces diurnas o nocturnas evoca acciones bélicas que tal vez se asociaron con eventos de sacrificio. En cada situación, la presencia gráfica de una especie o incluso de las plumas en tocados y adornos cumple determinados requisitos para relacionar los acontecimientos naturales y las concepciones humanas como parte de los engranajes culturales. De esta forma, se puede disponer de elementos para la interpretación objetiva e integral del lenguaje pictórico.

 

María de Lourdes Navarijo Ornelas. Doctora en ciencias (biología) por la Facultad de Ciencias de la UNAM, y maestra en museología por la Escuela Nacional de Conservación, Restauración y Museografía del INAH. Etnobióloga especialista en documentar la importancia de las aves en distintos contextos culturales.

Navarijo Ornelas, María de Lourdes, “Las aves en la narrativa pictórica”, Arqueología Mexicana, núm. 162, pp. 68-70.

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