No son pocas las ocasiones en las que el despertar de alguno de los volcanes cambió el rumbo de la vida de las poblaciones que se asentaban en sus cercanías, al alcance de la caída de sus materiales o al paso de sus flujos. El ejemplo más notorio es Cuicuilco.
Los perros eran de diversos colores –blanco, negro, manchado, aleonado–, diversos tipos de pelaje –sin pelo, corto, largo– y diversas alzadas –cortos, bajos o pequeños y medianos o normales.
La huida de Quetzalcóatl habría tenido lugar en el inframundo y la gesta del rey-sacerdote correspondería a su vejez, a su muerte como Sol, y a su renacer como estrella de la mañana.
En el Gran Nayar el cuerpo se decora de manera especial solamente para ciertas ocasiones, pues los seres humanos, a partir de ese maquillaje sagrado, se convierten temporalmente en determinados seres del otro mundo.
Piedras o gemas consideradas muy valiosas, chalchíhuitl y xíhuitl (jades y esmeraldas), aparecen mencionadas muchas veces en los códices como metáforas de lo que es bello y valioso.
En las sociedades prehispánicas, las flores ofrecen un amplio panorama de significados, que fueron adaptados a las diversas cualidades de las diferentes especies.
Esta ofrenda contenía ejemplos muy representativos de objetos elaborados con materiales de origen orgánico, por lo cual se estableció un proyecto para su conservación y estudio.
En las ruinas del recinto sagrado de Tenochtitlan han sido exhumadas diversas esculturas identificadas como dioses del pulque. Una de ellas apareció en el muro oeste del Templo de Tezcatlipoca.