Es una exposición que dará a conocer el trabajo de investigación y restauración hecha a una escultura de grandes dimensiones con la imagen del apóstol que data de finales del siglo XVI.
José Humberto Medina González y Baudelina L. García Uranga
A finales de la primera década del siglo xx, el Museo Nacional de México organizó una expedición al norte-centro del país, región considerada en esa época una terra incognita desde el punto de vista arqueológico.
Aunque Cerro Barajas se encuentra en un área que para la época de la conquista española estaba habitada por grupos de cazadores-recolectores, muestra rasgos propios de las sociedades mesoamericanas.
K’uhul Chatahn winik, ‘persona divina de Chatahn’, es un título de tradición muy antigua: se le menciona en el norte de Petén desde el Clásico Temprano.
Los tributos intensificaron la política imperial y el poder militar, y contribuyeron tanto material como simbólicamente a conquistas y alianzas futuras.
En Mesoamérica había por lo menos tantos nombres de dioses o espíritus de la lluvia como idiomas o culturas. Tláloc, al que mejor conocemos, tenía al menos 26 advocaciones.
Sobre la caída de Teotihuacan hacia 650 d. C., sabemos que la parte central de la ciudad fue incendiada y saqueada, y que un tiempo después hubo migraciones masivas fuera de la Cuenca de México.
Las excavaciones en la Acrópolis de Kinichná y en los solares prehispánicos que se encuentran al oriente de ese gran complejo arquitectónico, permitieron fijar el lugar del primer asentamiento y sus características básicas.
En un abrigo rocoso, en Zimapán, Hidalgo, se encontró un fardo mortuorio con los restos óseos de un adulto de aproximadamente 20 años de edad al morir, hasta ahora caso único en la arqueología de la entidad.