Los pueblos de Mesoamérica colectaron millares de plumas para engalanar recintos sagrados, imágenes, divisas, prendas y otros bienes de prestigio. Las plumas y los objetos que con ellas se producían circularon en grandes cantidades por medio del tributo, el comercio, el intercambio y los dones.
Las plumas preciosas estuvieron a disposición de los gobernantes y otros personajes, en la Cuenca de México, lo cual implica que hubo, en las provincias imperiales, una industria plumaria floreciente.
El águila real o Aquila chrysaetos ocupa un lugar de privilegio en el arte plumario de Tenochtitlan. Además es la creatura más venerada del bestiario mexica.