Desde edad temprana, los padres de los niños debían ponerlos bajo la protección de algún templo, con el compromiso de, una vez alcanzada la edad adecuada, llevarlos a su escuela.
Los miembros del calpulli vivían por lo general en un “barrio”.
El comercio a larga distancia era realizado por los pochtecas
El despertar
Todo el mundo debía despertarse temprano. Cada mañana al levantarse, las mujeres esparcían copal sobre el fuego a modo de ofrenda al Sol. Las mujeres empezaban sus labores domésticas y los hombres se preparaban para sus afanes cotidianos: en el campo, los talleres, la obra pública, etc. Normalmente llevaban consigo su itacate.
La casa representaba el mundo y cada elemento tenía un significado preciso. El hogar al centro era una proyección del axis mundi y simbolizaba el corazón de la familia, el techo sostenido por cuatro postes era el cielo.
Según sus propios relatos, los mexicas provenían de un legendario lugar llamado Aztlan, “lugar de la blancura”, presuntamente situado en el noroeste de Mesoamérica. Tras casi dos siglos de peregrinación, en 1325 d.C. fundaron en un islote en el lago de Texcoco, México-Tenochtitlan.
Se obtenían alimentos por medio de la agricultura, la recolección, la caza, la pesca y la cría de animales.
El especialista consultaba el tonalpohualli, determinaba cuál era la combinación (de 20 signos de los días con 13 números) que correspondía a la criatura, e informaba a los padres cuáles serían su suerte, sus virtudes, sus defectos...
Veintena 1: atlcahualo (ca. 26 de febrero- 17 de marzo). Los ritos estaban dedicados a los tlaloques.
Veintena 2: tlacaxipehualiztli (ca. 18 de marzo-6 de abril). Asociada con Xipe Tótec. Los ritos consistían principalmente en el sacrificio de prisioneros de guerra.
Veintena 3: tozoztontli (ca. 7-26 de abril). Se dedicaba principalmente a Coatlicue. Se celebraban las cosechas y la abundancia de maíz.
Al parecer esta educación comenzaba a los tres años, cuando el niño recibía principalmente indicaciones sobre cómo comportarse y vestirse. A partir de los cuatro años las instrucciones eran sobre cómo realizar pequeñas tareas, claramente diferenciadas en función del género.
La ceremonia, que constaba de varias partes, comenzaba con el lavatorio ritual. Primero la partera colocaba al recién nacido viendo hacia el occidente y pronunciaba una oración. A continuación lo ungía, en la boca y el pecho, con el agua que se había puesto en el cuenco, y después se la echaba sobre la cabeza, para al final lavarlo.
Tras su nacimiento exitoso, el recién llegado era el centro de atención y le dedicaban tanto ceremonias sociales como religiosas. Era visitado por familiares y amigos que le llevaban presentes y le dedicaban palabras de bienvenida.

































