Las conchas fueron un importante recurso en el México prehispánico. Varias especies fueron recolectadas en sus lugares de origen y transportadas a veces cientos de kilómetros a los sitios de tierra adentro, donde fueron transformadas en ornamentos e insignias divinas.
La concha resistió las condiciones de los enterramientos, lo que no sucedió con los textiles y otros materiales perecederos. Los habitantes de Mesoamérica elaboraron complejos atavíos para sus deidades en los que plasmaron sus más finas habilidades y su devoción.