El perro fue el animal que sustituyó al hombre en el sacrificio sangriento porque es el más cercano a los seres humanos, el más dócil, el más fiel y, por tanto, el que puede representarlos ante los dioses.
En el México prehispánico, principalmente en la región conocida como Mesoamérica, vemos al perro relacionado con el hombre en un grado que quizá no tiene comparación en ningún otro lugar del mundo.
Los tamales tzoalli cumplieron en el pasado una función ritual y simbólica, ya que la masa de tzoalli permitió la elaboración de ixiptla, figuras o esculturas de las deidades, objeto de culto.
Del porcentaje de enterramientos de perros localizados en Tlatilco se concluye que junto con los restos de tortuga y venado cola blanca deben haber formado parte de la alimentación de los habitantes del sitio.
Esta urbe del Epiclásico tenía plazas, un gran centro cívico-religioso, palacios, templos, casa de elite, áreas de almacenamiento y un sinnúmero de unidades habitacionales.
La domesticación de los amarantos para producción de grano tuvo lugar en América tropical y se desarrollaron las especies A. cruentus, A. hypochondriacus y A. caudatus.
El Templo Mayor es una representación del cerro Coatépec, lugar en donde el dios de la guerra nace, adulto, y armado con una serpiente de fuego da muerte a su hermana Coyolxauhqui.
"Usan también las mujeres teñir los cabellos con lodo prieto, o con una yerba verde que se llama xiuhquílitl por hacer relucientes los cabellos a manera de color morado ... "
El Arco de Labná formó parte de las construcciones de la plazoleta norte y del sacbé, camino, interior que comunicaba la plazoleta con el Grupo del Palacio.
Los guerreros de barro nayaritas estuvieron sepultados en tumbas de tiro alrededor de dos mil años. Les servían a los muertos de fieles guardianes en su camino al más allá